28 de enero de 2022
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Los consejos del señor Pereira

18 de febrero de 2015

mario de la calleHace un par de años, también nos salieron con que Colombia iba a ser miembro de la Otán. Sí: Nada menos que de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, una alianza militar de países de Europa y de América del Norte, que es en realidad un sistema de defensa colectiva en la cual los estados miembros están comprometidos a defender a cualquiera de ellos que sea atacado por una fuerza externa. Cuando esa noticia salió en la prensa, nuestros queridos vecinos, Ecuador y Venezuela, con los cuales nuestras relaciones estaban a la baja, reaccionaron indignados. Creo que hasta Nicaragua también tuvo algo que decir. Al final resultó que la noticia aparentemente era un malentendido y que de lo que en realidad se había hablado era de una posible colaboración de Colombia con ese organismo en algún campo específico. Pero el episodio quedó como un punto débil en nuestras actuaciones diplomáticas.

 

Es que a nuestro país no le ha ido del todo bien en sus compromisos multilaterales. Dígalo si no la aceptación por parte de Colombia de la jurisdicción de la Corte Internacional de La Haya sobre nuestros conflictos regionales. Si no hubiéramos corrido a aceptar presurosos esa afiliación, hoy no estaríamos lamentando la pérdida de miles de kilómetros de mar de dominio económico alrededor de la isla de San Andrés, ni enfrentados a la posibilidad de que un nuevo fallo (tal vez sería mejor decir “falla”) dé a Nicaragua dominio sobre una supuesta plataforma continental extendida que se acerca peligrosamente a las playas de nuestra Cartagena de Indias.

Digo lo anterior para pedir a nuestro Gobierno que analice muy seriamente en qué tipo de organizaciones queremos participar y si las ventajas de hacerlo sí compensan los riesgos de limitación de los derechos colombianos en el mundo.

Por lo pronto, volvamos a la visita del señor Pereira. No conozco la biografía de don Álvaro, y a fe que no me interesa. Solamente sé que fue Ministro de Economía de Portugal, por lo que supongo que algo tendrá que ver con la profunda crisis que ha vivido la economía europea, debacle sufrida sobre todo por Grecia, España y –precisamente– Portugal, la patria del señor Pereira. De modo que hay que tomar con beneficio de inventario sus opiniones sobre el futuro de la economía colombiana. Yo no sé quién lo invitó a opinar, pero no me imagino, por ejemplo, a un experto economista colombiano opinando sobre las medidas económicas que debiera toma el gobierno portugués. Lo mandarían a freír espárragos.

Entre los consejos gratuitos que nos da el señor Pereira, está la propuesta de unificar la edad de jubilación de hombres y mujeres en Colombia. Cuando aquí hay preocupación por los derechos de las mujeres frente a los de los hombres, esa idea de equiparar las edades de jubilación de los dos sexos va en contravía de esa tendencia. La idea fue acogida con entusiasmo por la Asociación de Fondos de Pensiones de Colombia, (Asofondos), cuyo Presidente, el doctor Santiago Montenegro salió alegremente con la siguiente perla. Que dizque esa diferencia en edades para pensionarse entre hombres y mujeres es una farsa, porque a ambos géneros se les exigen por igual 1.300 semanas de cotización. ¿Habrá sofisma mayor? ¿Qué tienen que ver las semanas de cotización con la edad para jubilarse? Las 1.300 semanas de cotización son exactamente 25 años. Si un hombre y una mujer empiezan a trabajar a los 20 años de edad y lo hacen sin interrupciones, ambos alcanzarán el número de semanas del requisito cuando tengan 45 años. Entonces, la mujer se pensionará a las 57 años de edad y el hombre tendrá que esperar hasta los 62. ¿Dónde está la farsa? Si el Gobierno va a acoger el consejo del señor Pereira con la misma ligereza con que lo acogió el doctor Montenegro, ¡estamos fritos!

Y es que, por lo que se ve, el señor Pereira está por ayudarnos: Otro de sus consejos es que nos suban el impuesto a las ventas del 14 al 16% “¿Ves cómo estamos, Pedro, y te pones a cortar orejas?”. No nos faltaba más: Encima de la reforma tributaria que, aunque el Gobierno lo niegue, sí afecta, y mucho a la clase media, ya se nos van a venir encima con otro golpe a los escasos ingresos de la mayoría de los colombianos. No nos faltaba más sino que los burócratas internacionales metieran sus narices en nuestras normas tributarias. Pueden hacerlo sin remordimiento alguno porque a ellos no los afectan en nada. Ningún interés personal tienen aquí.

Terminaré diciendo por qué la reforma tributaria sí descuadra los ingresos de la clase media. En primer lugar, porque de todos modos el aumento de impuestos a las empresas terminará afectando al alza los precios de los productos y servicios que ofrecen al consumidor. Y en segundo lugar, y de manera más evidente, porque la eliminación de la devolución de dos puntos del IVA a quienes pagaran con tarjetas débito o crédito sus compras, aumenta en forma real y concreta los precios finales de nuestros consumos.   .

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