26 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La Trampa y sus altares.

26 de enero de 2015

La ruidosa celebración de su gol, en un rincón del campo, elevando las manos al cielo, rodeado por sus compañeros, y sus posteriores y pueriles disculpas, no parece una autentica y sentida gratitud a Dios, sino la extensión de su exceso, al imitar la canallada más grande que ha tenido el fútbol: el gol de Maradona a los ingleses en el mundial de México, con su mano prepotente, eternizada por los argentinos con sus aplausos extravagantes.

Cuantas tonterías se han dicho sobre el caso Lazaga. Que desconocimiento del reglamento y que pretensión insólita de juzgar, sin conocer las normas, que  controlan  este tipo de conductas.

La sanción a Lazaga no pasará del escarnio público, del repudio de los aficionados, que no ven  en él un hombre leal. No existe en el reglamento un solo artículo que tipifique su acto como  conducta punible, susceptible de castigo.  Resulta, además, poco recomendable la invención apresurada de una norma, en la perspectiva, tan dañina como la mano en sí, de penalizarlo o suspenderle. Si acaso, una sanción económica pesará sobre él.

Su caso no pasará de ser una anécdota, recurso socorrido de los memoriosos para recrear sus tertulias futboleras.

Así que, lo que era una fiesta para el Quindío, fue borrasca, por el atropello arbitral de que fue víctima. Y lo que era una catástrofe para el Cúcuta, paso a ser una fiesta, sin importar que el camino se hubiera allanado con trampa, en un mini torneo lleno de exabruptos, en el que Lazaga puso un velo  a la eliminación  escandalosa del América. Fracaso que los hinchas rojos vivieron como una tragedia, en consonancia con los desatinos de los últimos años.