7 de marzo de 2021
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El bicho de la reelección

29 de enero de 2015

 

Aspiran a repetir dos ex burgomaestres de la bella Villa que son enconados enemigos: Alonso Salazar Jaramillo, el biógrafo del temible Pablo Escobar Gaviria, cuyo libro sirvió de pauta a la serie de televisión “El patrón del mal”, y Luis Pérez Gutiérrez, quien se la pasa deshojando margaritas, pues unas veces piensa en la primera alcaldía paisa y otras en la gobernación de Antioquia.

En marzo pasado, el Consejo de Estado hundió la inhabilidad que le había impuesto a Salazar el procurador Alejandro Ordóñez para aspirar de nuevo a cargos de elección popular.

Tiempos de Leopardos

En la Bogotá de la primera mitad del siglo XX –cuando a la gran metrópoli no le llegaban todavía el alcalde Petro, el pico y placa y el Transmilenio—un notable intelectual caldense era la voz prima de la crónica política en la que fue, sin duda, la época de mayor esplendor del partidismo criollo y del parlamentarismo de gran factura.

En los archivos del desaparecido Instituto Colombiano de Cultura figuraba esta ficha biográfica del erudito Alejandro Vallejo: Nació en Manizales el 21 de abril de 1902.

Bachiller de Filosofía y Letras en 1919. Secretario del Departamento Nacional de Estadísticas y Secretario de Educación del Departamento de Caldas. Ocupó cargos diplomáticos entre 1936 y 1944. Fundador y Director del semanario “Comandos”. Columnista de “El Tiempo”. Redactor de “Sábado” y “Jornadas”. Fundador, con don Gustavo Santos, de la revista “Continentes”. Autor de los libros “Políticos en la intimidad”, “La Casa de Berta Ramírez”, “La cita de los aventureros”, “Entre Dios y el Diablo”, “Reportajes con la Historia”. El autor del currículo apretó en esta síntesis el vigoroso estilo del fecundo escritor manizaleño: “A través de su obra literaria trasciende la vitalidad de los personajes, la veracidad del diálogo y la gracia del relato”.

Una entrevista antológica

De su rica provisión de entrevistas con personajes de la vida nacional nos ha quedado como pieza maestra la que le hizo al combativo jefe conservador antioqueño Augusto Ramírez Moreno, el orador más vehemente de la irrepetible escuela de Los Leopardos, a quien pintó con singular maestría:

“Augusto Ramírez lleva varios lustros de ser como si dijéramos El héroe en busca de su pintor. Nadie en esta República de campesinos ha trabajado como este leopardo tan cuidadosamente su biografía; todos sus gestos, todas sus actitudes, todas sus palabras, todos los actos de su vida, están dirigidos a la biografía.

Con sus amigos ha sostenido una nutrida correspondencia, en la cual ha ido acumulando una ingente cantidad de material biográfico.

Otros ingredientes

Todos los eslabones de su artificiosa vida. En los álbumes de recortes en donde con solícito cuidado ha coleccionado sus artículos y sus discursos, hállanse al margen de los manifiestos conservadores anotaciones como estas que son puestas evidentemente por el miedo a morir sin revelar el gran secreto; anotaciones que parecen gritos de ultratumba: “Este manifiesto es mío! “En este manifiesto no hay ni una coma de Laureano”. “Este es mío”. “Mío”. “Mío”. “Mío”. “Lo escribió Augusto Ramírez Moreno”. “Mío”.

De entrada, Vallejo le rayó las espuelas al elocuente jefe conservador con este pedido:

— Cuénteme algo de su vida íntima.

Ramírez lo miró con enojo y le respondió:

— “Notifico a usted que yo no tengo intimidad.

En mi vida no hay campo para esa grosera circunstancia. Yo soy en todo un hombre público.

Nunca, nadie ha sorprendido en mí una sola actitud que no sea cuidadosamente preparada, arreglada y perfilada. Soy un caballero arrogante, aún en la circunstancia de abrocharme los pantalones”.

Tolón Tilín

La noche bogotana en la que se dio a luz el nombre del memorable grupo político, Ramírez Moreno les dijo a los cuatro compañeros de la expedición que apuntaba a renovar la política conservadora: “Mis hijitos, ustedes se tienen que bautizar. Deben adoptar un nombre de guerra, algo que le dé la sensación de agilidad, de fiereza, algo carnicero, como Los Leopardos”. ¡Y así se quedaron!