23 de mayo de 2022
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Un suceso que cambió la historia

9 de noviembre de 2014

jose miguel alzate

Las semanas previas a la caída del muro que separaba dos tendencias políticas se quedaron para siempre en el recuerdo  de millones de ciudadanos del mundo, que vieron con alegría cómo empezaba a desmoronarse un régimen político que conculcaba los derechos y cerraba las oportunidades de cambio para una sociedad hastiada del aislacionismo soviético. El 9 de noviembre de 1889 quedó grabado en la historia como el día en que dos regímenes políticos despertaron a la realidad de la reunificación.

Hace 25 años las imágenes de cientos de ciudadanos alemanes derribando con martillos el muro que dividía en dos a la Ciudad de Berlín le dieron la vuelta al mundo. La reacción de los países democráticos no se hizo esperar. Ante esta acción de búsqueda de la libertad que emprendían dos sociedades que si bien compartían un espacio geográfico estaban separadas por la infamia de un muro que dejó 239 muertos, todos ciudadanos que intentaban escapar de un régimen oprobioso, la comunidad internacional reaccionó pidiendo que se acabaran las barreras que dividían a dos naciones que debían unificarse para alcanzar el desarrollo. Al permitir este hecho, Mijail Gorbachov se consagró como un hombre visionario, que quería darle aire a su política de apertura económica.

Dos años antes de que se produjera la caída del Muro de Berlín, el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, desde la Puerta de Brandenburgo pidió a su homólogo soviético contribuir para derribar esa muralla de hormigón, de 155 kilómetros de extensión, que durante un poco más de 28 años significó el aislamiento para familias enteras. Fue en 1987. Desde ese año, cientos de habitantes de la República Democrática Alemana esperaron a que el hecho se produjera para poder ingresar a la que entonces se denominaba República Federal de Alemania. Pero fue necesario que se organizaran espontáneamente para que, con sus propias manos, utilizando herramientas caseras, hicieran realidad el sueño de vivir en libertad.

La caída del Muro de Berlín marcó el comienzo del fin de una era de triste recordación. Sobre todo porque fue la expresión popular del júbilo que despertaba en la comunidad internacional la terminación de la llamada Guerra fría, que tuvo  al mundo al borde de un enfrentamiento nuclear. Se ponía fin al sufrimiento de una nación que desde 1961 soportó la infamia de verse incomunicado con su inmediato vecino. Y que vio, atónito, cómo 3.221 ciudadanos fueron arrestados simplemente por acercarse al muro. Y cómo 14.000 guardias fronterizos, ayudados por 259 perros de vigilancia, estaban prestos a disparar contra quien intentara cruzar esa barrera, huyendo de la opresión. Intentar pasar los 127 kilómetros de cerco eléctrico era jugarse la vida en busca de un mejor futuro.

El Muro de Berlín se constituyó en el máximo símbolo de la represión comunista. Miles de habitantes de Berlín Oriental soñaban con pasarse al lado occidental. Querían huir de un país asediado por las fuerzas comunistas, que vigilaban no solamente los movimientos de la población, sino que imponían a la fuerza sus postulados ideológicos. Las semanas previas a su caída fueron la expresión clara de que la gente había perdido el miedo a concentrarse para exigir respeto por sus derechos. El temor a Erich Honecker, que se asiló en la Embajada de Chile antes de la caída del muro, empezaba a desaparecer. Todo consecuencia de las nuevas políticas que pregonaba Gorbachov, que hizo del Glasnot y la Perestroika una oportunidad para abrir las fronteras de unos países que iban hacia el abismo en materia económica.

¿Qué significó para la humanidad la caída del Muro de Berlín? Cuando han pasado 25 años de este suceso que cambio la historia, puede decirse que fue determinante para la construcción de una nueva sociedad. Primero, porque la industrialización que había alcanzado la República Federal de Alemania empezó a beneficiar a los habitantes de una nación que, al ver abierta la frontera, encontraba oportunidades para mejorar su calidad de vida. Segundo, se acabó con un régimen de ignominia, que conculcaba las libertades democráticas,  cerrándole a sus gobernados las puertas del desarrollo. Pero, sobre todo, se le demostró al mundo que el comunismo no era el camino para lograr el crecimiento económico. Y que la libertad es un derecho que no puede ser pisoteado por ningún gobierno.