18 de julio de 2024

Espejismo o realidad.

3 de noviembre de 2014

esteban No sudan realmente las autoridades para moldear soluciones con análisis. Históricamente decidieron a la ligera, con coexistencia simplona entre lo propuesto y lo encontrado.

Una  mirada hacia atrás trae consigo una catarata de recuerdos, amargos tantos, con episodios tan inverosímiles como la componenda de 2004, cuando en la Dimayor se bendijo al ascenso del Cartagena, en perjuicio del Cúcuta y de la legitimidad de la competencia. Se le cavó una tumba a la credibilidad del fútbol.

No podemos quedarnos en el pasado.  Es por ello que el público espera reformas consensuadas  que no pasen simplemente por un espejismo o por la careta para ocultar   intereses distintos a los de reactivar la competencia. No se ve como un toque inútil el reprogramar el torneo a partir del próximo año con presencia de 20 equipos en la división  de honor, siempre y cuando sea el comienzo de una reingeniería que traiga consigo un cambio radical, sin importar lo que la crítica frívola, o sin análisis, diga. Deben ser considerados también los futbolistas tramposos, los árbitros con sus mañas, la presencia de veteranos intrascendentes en su juego, arrastrándose en las canchas; el irrespeto de los recogebolas, las infracciones inventadas, en evidencia en la televisión; la superposición de partidos locales e internacionales y la premeditada pérdida de tiempo que menoscaban la calidad y desesperan a los aficionados. Sin pasar por alto a los  directores técnicos que, sin escrúpulos, cobran a sus dirigidos por ser escogidos o alineados. De estos hay bastantes, divisiones inferiores incluidas.

Es el punto de partida para un cambio rotundo que espera el fútbol. De lo contrario, el simple alargue del torneo se verá como una medida inocua, de necios deliberantes, con beneficios directos para clubes reconocidos.