23 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Enfermedad

28 de noviembre de 2014

hernando arangoColombia, en el concierto internacional aparece como uno de los países con grado intermedio, tirando a mal, en el padecimiento de esta enfermedad. No somos tan castos como los Canadiences o como los nórdicos, ni tan perversos como en algunos paises de Africa o algunos vecinos americanos en donde, según nos cuentan, las importaciones para alimentar a sus pueblos deben pagar coimas para poder ser adquiridas. En estos días nos asustaron con el informe de un empresario español que se reusó a vender aceite sobre facturado a este socialista vecino. Hace poco en Brasil estalló un escándalo relacionado con Petrobras.

Los mejicanos se ven envueltos a cada rato en increíbles negociados y, nosotros, nos aterramos de lo que en nuestras narices se cocina y de la forma en que los sinvergüenzas burlan autoridades de toda índole para salir luego a disfrutar de sus fortunas mal habidas. Claro, también con la complicidad de una comunidad indolente que poco hace por castigar con el rechazo social estas ratas.

De  la corrupción no escapa ningún régimen, sea el sistema que impere. Así tenemos que en las sociedades más avanzadas y desarrolladas, desde el punto de vista democrático, de tarde en tarde salta la liebre y el escándalo. Bueno, allí aparentemente se sanciona a los implicados, desde luego si la corrupción va hacia adentro, ya que, cuando corrompen externamente para hacerse a negocios o ventajas en terceros países, no aparecen como drásticos. En regímenes totalitarios, como es el caso de China, también salen  escándalos de este tenor, aunque hay que decir que por la misma condición de los estrictos controles a la prensa, pocos pueden traspasar barreras para ser conocidos por sus habitantes o el mundo exterior.  En América, tenemos ejemplos para mostrar y que, de alguna manera, podríamos llamar íconos de un extremo y de otro. Canadá en el norte y Uruguay  en el sur podrían ser ejemplos de buena conducta, sin quemarnos las manos por ninguno. Del otro extremo  de la escala están los vecinos del oriente y algunos más al sur. Y, nosotros? Pena da decirlo, pero estamos mal y, sin que el consuelo sea posible, tenemos que nos encontramos en el peor de los caminos, ya que la corrupción nos cala en lo administrativo, en lo judicial y en lo político. Bueno,  lo privado tampoco se salva, dado que las pirámides , los desfalcos y los robos en empresas, almacenes y en las calles son pan de cada día.

Y, que hacer??? La respuesta no está a la vuelta de la esquina. Efectivamente, y como quedó dicho, la corrupción está en todos los órdenes de la administración, la política y la justicia, lugares a los que se podría acudir si acaso quedare un resquicio honorable a quién clamar, pero cada día nos convencemos de que esto es como buscar una aguja en un pajar. Luego, no nos queda más que acudir a la conciencia ciudadana, a la formación en los hogares, para que desde allí, y dado que la desfachatez de los indelicados es enorme y protuberante, señalemos a quienes han desbordado los límites de la decencia, de la honestidad. Para que, si no hay sanción jurídica para ellos, al menos tengan sanción en la mirada acusadora, en el dedo señalador y en el aislamiento social, únicas maneras de que los dineros mal habidos por estos malandrines  les sean amargos por el estigma social y el rechazo de quienes les fueron cercanos, de sus amigos y de quienes les confiaron el manejo de lo que nos es común.  

Podemos hacerlo, luego, hagámoslo.

Manizales, noviembre 28 de 2014.