12 de julio de 2024

El placer…

17 de noviembre de 2014

 

esteban jaramillo

Los dos episodios parecen aislados, desconectados, pero no, son la consecuencia de los toques diferenciales de calidad conque Colombia juega hoy, plena de ritmo, con verticalidad, con una intensa relación colectiva con el balón liderada por  James que  rastrea posibilidades de pase, se  involucra en las tareas de sus compañeros, se sacrifica por el equipo y  le da variedad de fórmulas ofensivas. Cuanto ha aprendido; cuanto ha evolucionado.

Colombia no es una aplanadora, pero da gusto verla jugar, así acuse deficiencias para hacer rentables sus dominios trasformando opciones en goles. El metódico plan de renovación está dando frutos y se aprecia con satisfacción en la cancha, sin entrar en rompecabezas algebraicos para encontrar fórmulas de recambio.

Entre tanto, en la tribuna, Falcao, en sus etapas de transición, asiste a la muestra solidaria y armónica de la selección. Sabe que el puesto, su puesto, lo espera. Combate intensamente, con especial esfuerzo, contra las lesiones menores que prolongan su ausencia y enfrenta a los flemáticos y escandalosos periodistas ingleses, cebados en sus dolencias, con absurdos discursos. Periodismo hediondo, de aguas sucias, del que muestras hay en todas partes. Falcao es inmune al descontrol emocional y enfermizo de las opiniones. Siempre lo ha demostrado. Su imagen volverá a ser la misma, mientras marche sin prisas, para corregir las anomalías  de su cuerpo. Las zancadillas de la vida engrandecen.