18 de octubre de 2021
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El cuarto de hora de los constructores

21 de noviembre de 2014

Pero es quizá en la actividad constructora en donde más hay expectativas de crecimiento y desarrollo; bien podríamos decir que la ‘obra negra’ en que vivimos en materia de infraestructura civil y tecnológica, es el principal aliado para augurar buenos negocios para los constructores y mucha prosperidad para el país.

Solo ahora en el tercer lustro del siglo XXI, Colombia está entrando en la era del pavimento, las dobles calzadas, las autopistas, los grandes aeropuertos, los túneles, los viaductos y toda esa infraestructura que nos ha sido esquiva. Sin lugar a dudas las alianzas público privadas empezarán a abrir ese camino, al tiempo que las llamadas obras de cuarta generación se empezarán a hacer realidad. Es el llamado cuarto de hora de los constructores, quienes no deben ser inferiores al reto que la economía colombiana les ha impuesto. La calidad de vida llega a los países con mercados libres y altas dosis de consumo, pero para facilitarlo, el país debe adecuar sus puertos, aeropuertos y autopistas a la modernidad económica y comercial. No hay un país en la región que necesite de tanta inversión y mano de obra calificada como Colombia en el sector de la construcción, y para ello, se debe trabajar en esquemas sólidos de financiación y códigos de cumplimientos.

Es un momento de oro para que los constructores pasen a la historia como los reformadores de la economía colombiana y los tristes episodios de los Nule, Space o Comsa, solo sean lunares en un pasado para olvidar. Aquí hay la voluntad del los gobiernos centrales, regionales y locales para entregar otras y se han mejorado los mecanismos de contratación con el Estado en condiciones rentables y responsables con las arcas del Estado, ahora la pelota está en terrenos de los constructores quienes no deberán ser inferiores al reto histórico que les impone la economía. Es el momento de hacer túneles, autopistas, puentes, viaductos, modernizar puertos y aeropuertos, de tal manera que el país pueda ser competitivo y consumidores y productores cuenten con accesos privilegiados a los bienes y servicios globales. Llegó la hora de que las firmas constructoras contraten más ingenieros que abogados.

LA REPÚBLICA/EDITORIAL