8 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Producción de biocombustibles, más competitiva

5 de octubre de 2014
5 de octubre de 2014

A través del estudio del primer eslabón en las cadenas de suministro de biocombustibles de segunda generación, las estudiantes de doctorado en Ingeniería – Industria y Organizaciones, Alexandra Duarte y Marcela Morales, buscan crear dicho modelo matemático.

Según Morales, estas cadenas se han identificado como un sector estratégico para América Latina, debido a su ubicación geográfica y climatología (fundamentalmente tropical), lo que significa un indicador potencial para la producción agrícola.

La producción de biocombustibles se clasifica por generaciones, dependiendo de la materia prima utilizada en su elaboración; los de primera generación provienen de cultivos alimenticios que se procesan de manera convencional, como la caña de azúcar y las semillas de girasol.

Por otro lado, los de segunda generación se obtienen a partir de materias primas, como los residuos de los cultivos alimenticios, de los cuales se sustrae lignocelulosa (estructura biológica de la planta), fuente de carbono renovable existente en el café, entre otros.

“Aunque este tipo de generación resulta poco rentable por sus altos costos, lo que queremos es que el procedimiento sea mucho más eficiente para poder competir con los precios del combustible fósil”, argumenta Morales.

Por último, los biocombustibles de tercera generación buscan crear bioetanol a partir de cultivos específicos, como las algas.

“Pasar de biomasa a residuos, en los que no se utilizan tierras para la generación de biocombustibles, reduciría notablemente el impacto ambiental, haciendo que las cadenas de suministros sean menos contaminantes”, expone la estudiante.

El estudio de la “logística de la primera milla” hace referencia al primer eslabón, en el que se trabaja con la materia prima obtenida para la creación de biocombustibles, probando modelos que desarrollen procesos de recolección de residuos, de esta manera ser procesados a través de plantas diseñadas para este fin.

“Son pocos los modelos que funcionan con diferentes tipos de materia y optimizan simultáneamente todo ese proceso de recolección. Además de revisar el estado del arte, actualmente se estudian herramientas que puedan ser incorporadas a una solución para mejorar este tipo de cadenas”, indica el profesor William Sarache, asesor de los proyectos.

Biocombustibles a partir de productos regionales

Como explica Morales, en casi todas las cadenas de suministro los combustibles fósiles cumplen una función fundamental para los procesos.

“Si miramos la situación de las materias primas y todo lo que tiene que ver con el agro, los fertilizantes están hechos de petróleo, el transporte se mueve gracias a este tipo de combustibles, al igual que las plantas de producción y distribución, las cadenas de abastecimiento también están involucradas. Entonces, ¿dónde está la responsabilidad del ingeniero?” arguye.

Dependiendo de los tipos de residuos que se generan en la región y el rendimiento que ofrecen es posible buscar el buen desarrollo de estos procesos, para dejar de depender del combustible fósil.

“La idea es probarlos y mirar cuáles son aptos para competir, inclusive algunos no son meramente residuos, es biomasa que crece en nuestras montañas y puede ser aprovechada, por lo que se estudian esas particularidades”, agrega Sarache.

Uno de estos potenciales residuos se genera a partir de la producción del café, el cual contiene gran cantidad de lignocelulosa. No obstante, esta materia prima tiene implicaciones de orden organizativo que requiere estudiarse. Por ejemplo, en la caña se encuentran grandes extensiones de cultivos planos, mientras que la recolección del café es mucho más fina y compleja, además de que se produce en muchas fincas, algunas de ellas de manera informal.

Según la Federación Nacional de Cafeteros, en Colombia existen 563.000 familias cafeteras, de las cuales el 96 % está conformado por familias campesinas que poseen fincas menores a cinco hectáreas.

Los expertos enfatizan en que es necesario identificar las rutas, analizar qué tanto varía el transporte, la cantidad de centros de acopio, las particularidades del terreno o las visitas a fincas, entre otros aspectos.

(Por:Fin/MLIA/dmh/nh)
Agencia de Noticias U Nacional de Manizales