2 de julio de 2022
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Palabra empeñada y sin regreso

8 de octubre de 2014

El valor de la palabra está en constante devaluación y a muy pocos parece importarles.

Antes se decía palabra empeñada y sin regreso y ante el valor firme de la palabra resultaban superfluos  juramentos, escrituras públicas, contratos, protestas, meras formalidades entre sujetos honorables. Hoy  las escrituras se discuten en juzgados y tribunales, los contratos se incumplen con insólita frecuencia y a cada rato hay que establecer judicialmente la realidad contractual sobre la apariencia. Tal el caso, por ejemplo, de la contratación laboral.

En lo público la crisis del Estado y de la política deviene en gran medida del escaso crédito que suscita la palabra en boca de políticos y gobernantes. No guardan fidelidad hacia lo que dicen y prometen por mucho que esté inscrito y firmado sobre mármol. ¿Van cuántas reformas tributarias? ¡Quisicosas!

Ni el presidente de la República podría afirmar, sin mentir una vez más, que es leal a sus palabras. Con él la cosa es palabra empeñada y con regreso. ¡El campeón con abundantes réplicas!
Hemos llegado al peligroso punto en que la palabra está empeñada pero en los monte píos o compraventas que llaman y, por lo visto, allí se ha quedado a la espera de la redención de la boleta que los muertos se llevaron.

El punto revolucionario está en devolverle el valor a las palabras para honrarlas de nuevo, en todo lugar, al precio que fuere. De ninguna otra manera el mundo va a cambiar o seguiremos cuidándonos los unos de los otros para no caer en engaños y defraudaciones.

En las calles hay avidez por encontrar dirigentes que obren como piensan y no que piensen como obran y para qué citar nombres. Evitemos las denuncias por injuria o por calumnia que es con lo que suele responder la laya de moscardones y fariseos o más precisamente de sepulcros blanqueados.

El mejor modelo que nos han legado los mayores ya idos y otros que están por irse camino al espacio sideral, ha sido el respeto por la palabra empeñada y también será la mejor herencia que podremos dejar a postreras generaciones.  

Tiro al aire: el mundo está ávido de personas, sean brutas o inteligentes, en cuyas palabras podamos confiar.