12 de julio de 2024

Misión: revivir el café

27 de octubre de 2014

Esto hace que, además de los cafeteros y su gremio, la suerte del café le importe al Estado y a la política pública. De allí que los resultados, las conclusiones y las recomendaciones de la Misión de Estudios para la Competitividad de la Caficultura en Colombia constituyen un insumo fundamental para el direccionamiento de la política y la institucionalidad cafeteras.

Esto es aún más importante en momentos en que los buenos vientos que favorecen al sector llevan a algunos dirigentes gremiales a pensar que los problemas estructurales de la actividad son cosa del pasado.

Los resultados de los diferentes estudios de la Misión muestran que ello no es así y que ignorarlos constituye un craso error, pues en dichos problemas se encuentra la explicación de la pérdida de dinámica productiva y de mercados.

Además, tratar de tapar una realidad y no enfrentarla a tiempo constituye una estrategia equivocada de cara a los momentos en que los vientos del mercado internacional se vuelvan en contra.

Por tanto, antes que descalificar los estudios, que son de gran utilidad para el diseño y la ejecución de la política cafetera, es preciso propiciar una discusión argumentada que ayude al Gobierno y al gremio a definir y poner en marcha una agenda de política más eficaz.

Esto lo realza el director de la Misión, el exviceministro de Comercio Juan José Echavarría, cuando señala, en el primer mensaje de los diez que ha dado a conocer, que el cultivo del café es una opción de vida para Colombia.

Ello va ligado a otros mensajes relacionados con la importancia que tiene una caficultura rentable sobre el bienestar de los productores y sus familias, y el progreso de las regiones cafeteras. Una actividad lucrativa se fundamenta en un cultivo altamente productivo y competitivo.

Lo que muestran las diferentes cifras, incluidas las de la FAO, es que en la baja productividad de la caficultura frente a sus principales competidores se encuentra la raíz del rezago y la pérdida de participación en los mercados externos. Esto, como lo señalan los estudios de la Misión, constituye el principal problema de la actividad cafetera.

La baja productividad ha llevado a la necesidad, casi permanente, de que el Gobierno tenga que transferirles recursos, en la forma de subsidios y apoyos, a los caficultores sin distingos de tamaño. Ello desestimula las mejoras productivas.

Los otros mensajes de la Misión van encaminados a esclarecer y definir el papel del Estado y a proponer ajustes en las reglas de juego del sector y en la correspondiente institucionalidad.

En particular se plantea la necesidad de flexibilizar y modernizar la regulación, acabar con el conflicto de intereses que se presenta en la Federación Nacional de Cafeteros entre la regulación y la actividad exportadora, y prohibir que los recursos parafiscales financien actividades privadas.

No queda duda que se necesita realizar ajustes profundos en materia de políticas e institucionalidad cafeteras. Para ello es urgente que la Misión presente el informe definitivo con las recomendaciones que el Gobierno deberá implementar con prontitud y eficacia.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL