26 de febrero de 2021
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La muerte del justo

25 de octubre de 2014

william calderonTodo indica que así fue el fallecimiento del famoso locutor Alberto Piedrahita Pacheco, ocurrido el lunes último, en su residencia del norte de Bogotá, mientras reposaba escuchando como de costumbre “El pulso del fútbol”, el programa de la una de la tarde de Hernán Peláez e Iván Mejía, por Caracol.

Se quedó dormido para siempre el hombre de la garganta sonora a la 1.15 p.m. Su  corazón se detuvo a esa hora, cuando contaba 83 años. Ya no le funcionó más. Y la radio comenzó su semana de duelo.

LA ULTIMA CAMINADA

Antes de dar inicio a su sueño eterno, don Alberto aceptó una invitación de su amorosa nieta Laura y salieron juntos a echar una caminadita por el barrio.

Fueron hasta un centro comercial del sector que tanto le agradaba a Piedrahita. Ni él, ni ella sabían que era la última de las salidas que le resultaban tan saludables al octogenario personaje de los medios electromagnéticos bogotanos.

A propósito de Laurita: viene escribiendo con juiciosa dedicación la biografía de su querido abuelo hace varios meses. Tiene mucha información privilegiada que le permitirá lucirse contando la vida, pasión y músculo  de su ilustre ancestro.  Esperamos la salida del libro lo más pronto posible.

LA VERDADERA CUNA

La patria chica de “El Padrino”, por adopción, fue el Líbano, Tolima, aunque nació en Girardot, Cundinamarca, el primero de febrero de 1931.

El viejo dato vino en la página  72 del libro “Radio Gentes de Colombia”, que escribió en 1974 su colega Emiro Fajardo Ramos, el primer locutor que tuvo el Noticiero Todelar de Colombia, cuando lo dirigieron los inolvidables maestros Alberto Acosta e Hipólito Hincapié.

A don Alberto Piedrahita siempre le gustó más ser libanés, del Tolima, porque es tierra firme, en vez de porteño de Girardot, en territorio cundinamarqués.

Sentimientos parecidos tuvieron el finado Agustín Lara, quien cambiaba su lugar de nacimiento, el México, D.F., por su amada Veracruz, y Edgar Perea, quien siempre ha preferido ser barranquillero que chocoano. Hombres de patrias chicas por adopción.

PUEDEN DAR TESTIMONIO

Entre los amigos que pueden dar testimonio del cambio de cuna de Piedrahita, por su propia voluntad, figuran viejos camaradas y compañeros de la radio como David Cañón, quien en sus inicios, en la radio, fue su mensajero y fiel escudero, y Fabio Becerra Ruíz, con quien compartió nómina en la vieja Nueva Granada y se permitió ponerle el mote de “Profesor” Becerra.

Otro amigo grande de “El Padrino” que se le adelantó por mano propia en la partida hacia la otra vida fue Juan Harvey Caicedo Pérez, quien casualmente cumplió 11 años de muerto un día antes del fallecimiento de Piedrahita Pacheco. ¡Qué macabra coincidencia!

¡Paz en las tumbas de estas gargantas prodigiosas!

LO QUE ESCRIBIO ARTUNDUAGA

En el portal de Kienyke escribió el colega Edgar Artunduaga, actual director de noticias de Todelar este sentido párrafo de entrada:

“Me voy a morir de pena moral”, me dijo Alberto Piedrahita Pacheco la noche que celebramos los 80 años de doña Hilda Strauss. Se le veía destrozado, agobiado, ante la muerte reciente de su esposa, Ligia Guevara.

Sus hijos, por ayudarle, lo sacaron de la vieja casa que habitó la familia y ahora vivía en un pequeño apartamento. “Es una tortura, me despierto y la veo al frente, me pasa toda la película de nuestra vida, no tengo paz”.

Hace un mes hablé con su nieta, Laura, y me comentó que Alberto estaba mal, no tanto del cuerpo como del alma. Se fue consumiendo en una profunda tristeza, de la cual no quería salir, se negaba a abandonar con ayuda de sicólogos o cualquier apoyo médico.

(Y se fue, sin despedirse de nadie, a ese más allá que los poetas llaman cielo a cuadrar caja con el de arriba).