26 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Equidad de género

22 de octubre de 2014

mario de la callePero me desvié del tema de la equidad de género, por lo cual ofrezco excusas. Fue que no pude resistir la tentación de mencionar esas curiosidades. Lo que realmente iba a decir era que en el mencionado escrito de internet hay la siguiente afirmación:

En español, el plural en masculino implica ambos géneros. Así que al dirigirse al público NO es necesario ni correcto decir «mexicanos y mexicanas», «compañeros y compañeras», «hermanos y hermanas». Decir ambos géneros es correcto, SÓLO cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: «caballos y yeguas», «toros y vacas», «damas y caballeros», etc. (Los resaltados en mayúsculas y el subrayado pertenecen al texto original de internet).

Exactamente esa es la norma gramatical, y no habría razón para cambiarla. Nuestras queridas compañeras en el mundo tienen que llegar a valer por lo que son, tienen que ganarse (como se lo han estado ganando), el puesto de liderazgo que merecen. Algunas feministas parecen creer que la igualdad de género consiste en  simples simbolismos (“niños, niñas y adolescentes”), y no en que se les respeten sus derechos, y en que se les den iguales oportunidades que las que se dan a los hombres. Muchas mujeres,  que han escalado puestos de importancia y mando en nuestro mundo laboral, sentirán que es mucho más gracia haberlos alcanzado por sus méritos, esfuerzo y sus capacidades, que por concesiones artificiales o simbólicas. Y esa innecesaria deformación idiomática de mencionar repetitiva y sistemáticamente los dos géneros, va haciendo carrera. Muchos hombres, seguramente para evitar que los traten de machistas, han entrado por esa moda  Razón tienen los humoristas de la radio colombina que suelen imitar las voces y dichos de los personajes nacionales, en burlarse del doctor Angelino Garzón por su reiterada y monótona mención de ambos géneros en cada frase en la que ello sea posible: “Campesinos y campesinas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “trabajadores y trabajadoras”, etc. Algunos presentadores de noticias se han visto afectados por ese virus, hasta el punto de mencionar a sus espectadores como “los y las televidentes”. ¿Qué tal esa? Pero la tapa del congolo la escuché hace poco cuando en una transmisión televisiva del Canal Capital, relativa a un congreso internacional de culturas andinas que se realizaba en Pasto, uno de los indígenas, quien por lo demás se expresaba en perfecto castellano, para hablar de las personas de edad se refirió a ellas como “los mayoras y las mayores”. Y siguió hablando tan campante. Y, a propósito de “personas”, ¿será que los varones que se sientan “pordebajiados”, van a exigir que en adelante se hable de “los personos y las personas”?

En el proyecto de “equilibrio de poderes” que se discute por estos días en el Congreso, hay una propuesta de incluir de manera obligatoria en las listas de candidatos a las elecciones para cuerpos colegiados, por allá a partir del año 2022, nombres intercalados de hombres y mujeres. Con ello se busca que las curules que sean ocupados en esos cuerpos se distribuyan milimétricamente entre hombres y mujeres. Yo no sé si las personalidades femeninas más brillantes de este país estarán de acuerdo con esto, o si prefieren que las mujeres se ganen sus puestos por méritos (como tantas lo han hecho). Además, irónicamente, esa norma podría conducir a que en alguna circunscripción en la que las mujeres sean más importantes y más preparadas que los hombres, no pueden ser mayoría entre los elegidos, porque la mitad de las curules tendrán que llevárselas los hombres, así sus merecimientos sean menores.