27 de febrero de 2021
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Ébola, la nueva amenaza

13 de octubre de 2014

El ébola-virus prendió las alarmas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por tres razones fundamentales: «carece de tratamiento específico o vacuna eficaz» y se trasladó de pequeñas aldeas africanas a ciudades con más alta densidad de población, lo cual aumentó exponencialmente las posibilidades de contagio. El tercer asunto es que los protocolos de seguridad para atender a los infectados son exigentes y no están en el ADN del comportamiento del personal médico.

España, por ejemplo, está hoy escandalizada, preocupada y molesta porque, aunque se advirtió de la decisión de trasladar de África a Madrid al sacerdote Manuel García Viejo, quien falleció el 25 de septiembre en el Hospital Carlos III, no se logró evitar el primer contagio en Europa, en la auxiliar de enfermería Teresa Romero, de 44 años, por ahora delicada pero estable.

El caso dice mucho de la responsabilidad que en adelante tendrán los gobiernos, y sus sistemas de salud, para cerrar el paso al ébola en los demás continentes y países. Hoy, el presidente Mariano Rajoy y su gabinete enfrentan las críticas de la prensa y los ciudadanos, porque no se sabe cuántos casos más puedan estar en incubación, dado que Romero estuvo en movimiento por varios entornos antes de ser diagnosticada y aislada.

En declaraciones a la prensa, el profesor Rohn Behrens, jefe de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical, sostiene que el virus es el mismo de siempre, pero lo delicado es que hay países enteros afectados (Guinea, Liberia, Nigeria, Senegal y Sierra Leona) y que salió de África.

En Estados Unidos, aunque en septiembre se logró salvar al médico Richard Sacra, ya murió el turista liberiano Thomas Eric Duncan y acaba de conocerse que un trabajador de un hospital en Texas se encuentra infectado.

El problema es que solo en enero próximo comenzarían a suministrarse las primeras vacunas, según la OMS. En Inglaterra se adelantan pruebas con 60 personas y, entre tanto, en Estados Unidos y Canadá se experimentan, respectivamente, los fármacos ZMapp y TKM-Ébola.

Las autoridades médicas confían en que muy rápido habrá una cura y que no obstante la gravedad de la epidemia, su control será posible mientras los casos de infectados se detecten y se traten a tiempo. Pero en las redes, la enfermedad y el miedo se propagan: en España se hicieron montajes de internet tras el caso de Teresa Romero. Y se armó un debate por el sacrificio de su perro, Excálibur.

Los científicos rastrean el origen del ébola en monos y murciélagos, y su propagación en animales domésticos como los perros. En lo inmediato, ante tantas zonas grises, el mejor antídoto es la prevención fundada en protocolos rigurosos, sistemas de alerta eficientes y hospitales dotados.

Eso es lo que esperamos en Colombia, donde el Ministerio de Salud dice estar atento y listo para ejercer control. Ojalá pronto, muy pronto, aquel gusano que vio el doctor Piot en su microscopio en Bélgica vuelva a ser una amenaza minúscula y casi olvidada.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL