2 de marzo de 2021
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El equilibrio minero

22 de septiembre de 2014

No se puede desconocer que el boom de los precios de las materias primas favoreció al sector minero, que durante la última década creció a una tasa promedio de 4,5 por ciento anual, principalmente por la producción de carbón y ferroníquel, y la expansión reciente de la del oro.

La contribución del sector a la economía colombiana es cada vez mayor. En 2012 representó el 2,3 por ciento del PIB total. Tiene además un peso significativo en las exportaciones y en la inversión extranjera directa, y contribuye de manera destacada al fisco nacional.

Si bien no caben cuestionamientos a la importancia de la minería en cuanto a su contribución al Producto Interno Bruto y que le reporta al país más de 350 mil empleos directos, la falta de una institucionalidad fuerte y de reglas de juego claras, que regulen y sancionen de forma drástica actividades ilegales, está desalentando su propio desarrollo.

A esto se suma una destorcida de los precios internacionales de las principales materias primas, incluidas las mineras que han impactado el sector, el cual no sólo presenta un debilitamiento progresivo en su crecimiento sino que además registra tasas negativas.

Según el Dane, para el segundo trimestre de este año el PIB de la actividad minero-energética presentó una contracción de 2,2 por ciento. Dicha caída se debió, en buena parte, a la menor extracción de minerales metalíferos (-15,5 por ciento), ya que la producción de carbón presentó un aumento de 2,8 por ciento y los minerales no metálicos de 5,4 por ciento.

El país se enfrenta al reto de consolidar su industria minera, que tiene estrechas relaciones con otros eslabones productivos, pues provee insumos para la producción de bienes metalúrgicos básicos, al tiempo que es un sector intensivo en el uso de capital.

Cifras dadas a conocer durante la Feria Internacional Minera realizada en Medellín estiman que de aquí al año 2020 demandaría recursos de inversión por siete mil millones de dólares (13,8 billones de pesos).

Adicionalmente, Fedesarrollo considera que la minería es un motor de empleo y actividad económica en zonas remotas del país en donde no se presentan mayores oportunidades.

El ministro de Minas, Tomás González, se comprometió a ayudar al sector minero haciendo las cosas bien, pero también a que «a través de la institucionalidad, se puedan atender las demandas de las comunidades y de los sectores productivos».

No puede ser la minería un asunto de tierra arrasada so pretexto de un rédito económico, que no revierta en beneficios para la población.

Un caso concreto es lo que se está presentando en Santa Fe de Antioquia con el auge de la explotación aurífera que está impactando de manera negativa a esa población, según dio cuenta un foro con expertos y donde se expuso el temor de los pobladores y de sus dirigentes por la afectación ambiental y de las condiciones de vida y de la salud de los habitantes. Preocupación que se extiende a poblaciones del Suroeste y del Occidente de Antioquia.

Y que exigen la búsqueda de soluciones para evitar que una minería descontrolada, entre artesanal e ilegal, llegue a territorios de vocación agrícola, por los impactos negativos en temas sociales y económicos, sin que las autoridades locales puedan ejercer mayor control.

 

EL COLOMBIANO/EDITORIAL