9 de mayo de 2021
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El chisme.

1 de septiembre de 2014

Muchos trabajan con empresarios con  quienes montan patrañas informativas para cotizar a un futbolista, otros son borregos de dirigentes que no ahorran dádivas para agilizar trasferencias o compras. A  tantos periodistas, a los que hago referencia, el afán de la chiva los confunde, hasta llevarlos a  sospechosas conjeturas, o a informar con el deseo, más allá de la objetividad que, como dicen los maestros, es la piedra angular de la credibilidad.

El aficionado, en su demanda insaciable de información, quiere estar al tanto de cuanto movimiento exista, sin diferenciar lo que es especie sin fundamento o verdad; preocupa poco discernir sobre la calidad de la noticia y la capacidad investigativa del informador.

La confirmación en el cargo del profesor Pekerman, trajo consigo una serie de desmentidos  para quienes habían alardeado  ser fuentes de primera mano  del  estratega argentino. Nada de lo que se dijo, o se le atribuyó, fue confirmado por él. Ni tiene otras ofertas, no lleva, por ahora, ex jugadores colombianos a su cuerpo técnico, no controlará las divisiones menores, ni rechaza los partidos amistosos de preparación.

De diez trasferencias  dadas a conocer por los medios, un alto porcentaje es especulación. Y qué decir de los entrenadores a la espera de la salida de cualquier colega de un club, para entrar en los sonajeros  a través de sus pregoneros oficiales.

Queda claro que muchos de los periodistas que se ufanan de ser los mejores, amantes de la noticia con actualidad, son embusteros sin remedio para el mal. Cuantas cometas por mantener activo un hombre en el mercado, cuantos juegos misteriosos para elevar el valor de un futbolista, cuantas triquiñuelas para acelerar una operación. Cuanta mentira tiene el fútbol.