5 de diciembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Paz, educación y equidad, trípode de una mejor Colombia

12 de agosto de 2014
12 de agosto de 2014

 

Dije que esta comunión de ideas facilitará el diálogo entre el Congreso y el Gobierno, necesario para la colaboración armónica entre las ramas del poder público de que habla la Constitución, para que sea amistoso y fluido, aunque respetuoso de la independencia de ellas.

Debo insistir, amigos lectores, en que el catálogo de problemas es extenso. Para solucionarlos, es indispensable que se apliquen tanto el gobierno como los congresistas. En ese contexto, los legisladores esperamos que la reforma a la Justicia, a la salud, así como las propuestas audaces e imaginativas para la creación de empleo, sean presentadas rápidamente para estudio y aprobación nuestra.

El otro aspecto fundamental es la seguridad ciudadana, que debe ser epicentro de las preocupaciones del nuevo periodo del Presidente Santos, porque sabemos que es base fundamental y condición sine qua non para el goce de los derechos y libertades que hemos conquistado. Así lo expresé enfáticamente el pasado 7 de agosto.

La agenda es clara y tan clara y pronta como ha sido la identificación de la agenda, debe ser la decisión del gobierno nacional para que no quede en el papel. Por ejemplo, el empleo es la base de la prosperidad de los colombianos. Por tanto, una política urgente es la de hacer de la Nación una gran empresa solidaria que genere empleo digno para todos los ciudadanos.

La segunda administración del presidente Santos deberá promover una política pública capaz de ejecutar la célebre proclama presidencial de «cambiar lo que haya que cambiar». Por tanto, es imperativa la acción del gobierno para que la iniciativa privada dé los frutos y beneficios de una empresa solidaria.

Conjuntamente con la creación de condiciones que la estimulen y protejan, especialmente con la revisión a fondo de la política y estructura fiscales para acelerar un crecimiento económico con equidad, partiendo de la premisa de que la paz, la economía y lo social, forman el trinomio ideal para superar la pobreza y alcanzar la meta de una mejor Colombia.

Si firmamos la paz como esperamos que sea el resultado de los diálogos de La Habana, la competitividad económica y la solidaridad social son los dos ejes sobre los cuales debe asentarse el proyecto de desarrollo que se ha puesto en marcha este 7 de agosto. Recordemos: la paz, la economía y lo social (educación, salud y empleo) son el trípode del nuevo país que anhelamos.

Queremos ver a nuestros compatriotas económicamente productivos, socialmente responsables, solidarios y políticamente activos, aspiraciones éstas que unidas a una política pública para la familia, sean el sustento del programa de inclusión social.

Pero hablar de la paz no es solo un acto de dejación de las armas, es también la expresión de la voluntad política para erradicar las condiciones que han generado la inconformidad ciudadana. De ahí la importancia de que hablemos de la salud, de la educación del crecimiento económico, de las regiones, del archipiélago de San Andrés y Providencia y del resto de nuestras fronteras.

Pensar en las transformaciones que hoy demanda la Nación, es un ejercicio generoso de entendimiento con el prójimo y un sueño incluyente en el que encuentran espacio los diferentes sectores sociales.

En el Congreso de la República aprobaremos las leyes de la reconciliación definitiva entre los colombianos, mientras que el nuevo Plan de Desarrollo debe convertirse en la brújula que guíe el rumbo durante el posconflicto, de manera particular lo relacionado con la inversión social – especialmente la educación -, un mayor crecimiento económico, la atención a las regiones, el fortalecimiento del fisco nacional y la inclusión a partir de generar mejor calidad de vida para la población vulnerable.

Concebir los diferentes retos que se presentan a lo largo y ancho de nuestras regiones, nuestras fronteras, en los escenarios económicos, sociales y políticos, se vuelve una necesidad no sólo soberana, sino un acto de verdadera integración contemporánea.

En materia de legislación y de recursos para la paz, el país debe acometer una tarea urgente y titánica. A mí me interesan, en sumo grado dos asuntos prioritarios: el medio ambiente y la educación. Respecto del primero, nos urge una política pública frente al cambio climático. En relación con el primero estoy convencido de que debemos convertir la educación en el sello indeleble que nos identifique a los colombianos. Es necesario que la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías sean una realidad al alcance de los colombianos. La educación debe ser una herramienta para el éxito del posconflicto.

Como Congreso estamos comprometidos con la paz y como colombianos estamos obligados a unirnos alrededor del perdón y la reconciliación como motores de una nueva mentalidad que sirve al progreso y a la estabilidad social.