27 de noviembre de 2021
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La nueva hora de Colombia

8 de agosto de 2014

El Presidente Juan Manuel Santos nos invitó ayer a abandonar la concepción de país apocado que, por décadas, acentuaron el conflicto y el atraso. Y en un discurso de posesión optimista y alentador, reveló la hoja de ruta del ejercicio.

En primer lugar, el proceso de paz. Aunque reconoció que las negociaciones de La Habana están entrando en su fase más difícil, recordó que ya lograron acuerdos sobre desarrollo agrario integral, participación política y drogas ilícitas, y en estos momentos avanzan en el cuarto, que se refiere a las víctimas. Es más: reveló que en dos semanas se instalará la subcomisión que tratará la dejación de armas y el cese al fuego y de hostilidades.

Pero todo ello implicaría, apenas, el fin del conflicto. Para conquistar la paz completa, como le llamó, el país debe avanzar en un camino que tardaría diez años más, esta vez, con el concurso de todos los colombianos, y muy particularmente de las regiones.

El segundo eje que se vislumbra en sus palabras es la equidad. Como también lo dijo, ninguna paz será duradera si el país no se conduce por caminos que estrechen las fisuras sociales. En ese marco, se propone adelantar una gestión de gobierno centrada en las zonas más deprimidas y vulnerables del país, así como un nuevo modelo de salud al alcance de las zonas rurales; la generación de otros 2,5 millones de empleos; la asignación del “presupuesto de inversión más grande que jamás se haya destinado a nuestro campo”; la extensión de internet de banda ancha para todos los municipios; un mayor compromiso con la descentralización y la autonomía de las regiones; la adjudicación de concesiones de vías de cuarta generación y la recuperación definitiva del río Magdalena. Está contemplado que este sea, como lo soñó el Libertador Bolívar, la gran arteria de comunicación del país.

Pero la auténtica ecuanimidad llegará cuando seamos capaces de firmar un nuevo contrato social que respete la propiedad privada pero le ponga corazón. Eso implicará juntar –así lo propuso– las perspectivas de izquierda y derecha que nos han gobernado y las instituciones que las han avalado, en lo que el mismo Santos ha venido llamando una tercera vía política.

El tercer camino es la educación. Y aquí Santos sí que fue categórico. De entrada dijo que el presupuesto para cubrir este derecho no solo será el más significativo dentro del presupuesto nacional sino que será superior, inclusive, al de Defensa y Seguridad. Se trata, entonces, de una cifra histórica, que declara el énfasis que en adelante seguiría la inversión pública del país.

Este giro se completará con la cobertura universal de atención integral para todos los niños entre 0 y 5 años; mejores ingresos para los profesores; gratuidad total en colegios y escuelas públicas, y la entrega de 400 mil becas para formación universitaria a los mejores estudiantes de los estratos 1 y 2. Aquí la idea es convertir a Colombia en la nación más educada de América Latina.

Como lo vemos son retos decisivos, que implican construir nuevos escenarios que alejarían al país de la violencia y la desigualdad que han gravitado sobre sus generaciones, al menos en las últimas cinco décadas.

Y como decisivos, factibles, en la medida en que todos los actores políticos, económicos y sociales acepten que tales apuestas trascienden al propio gobierno.  Si esta es la nueva hora de Colombia, ese vendría a ser el paso inicial. Para alcanzar la grandeza de la nación es necesario, primero, imaginarla. Tal es el aporte del discurso de Santos.

EL HERALDO/EDITORIAL