2 de diciembre de 2021
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Una torpeza política crónica

9 de julio de 2014

Desde sus estrategias de secuestrar, extorsionar y atacar sin miramientos a la población civil a pesar del rechazo generalizado, así como su ingreso al negocio del narcotráfico, prácticamente todas sus acciones han ido en contravía de lo que anhela y demanda una sociedad que como la colombiana, lucha por desarrollarse y dejar atrás los días de violencia y pobreza.

De hecho, hasta su misma visión del sistema económico y de gobierno va en contravía del mundo en pleno siglo XXI, al insistir en un modelo mal llamado socialista cuyo más reciente y estruendoso fracaso puede observarse con tan solo cruzar la frontera con Venezuela.

Es ese cúmulo de razones por las cuales la opinión pública entera detesta todo lo que le suene a subversión armada, y no ve la hora de que las conversaciones con las Farc en La Habana lleguen a feliz término.

Pero falta el Eln. Y el Eln, como lamentablemente era de esperarse, ha insistido en seguir cometiendo los errores de siempre para poner al país en su contra.

Es que no tiene presentación alguna desde ningún punto que se analice, el hecho de que esa agrupación guerrillera para llamar la atención del Gobierno y sentarse a negociar en un posible proceso de paz, pase su invitación traducida en ataques violentos contra personas y empresas, así como el estallido de bombas panfletarias destinadas a crear pánico.

 

Todo, en respuesta a su anacrónica teoría de mostrar un poder armado que entre otras ya no posee, para llegar a los diálogos con una posición de fuerza.La estrategia, que difícilmente podría estar más equivocada, hay que insistir hasta el cansancio, no solo aumenta los niveles de rechazo de la población contra esa organización, sino que le recorta el margen de maniobra a la administración Santos para ofrecerle negociaciones a un grupo que parece actuar bajo los efectos de la demencia.

Ni la sociedad civil y menos aún el Gobierno están para este tipo de extorsiones veladas y cuanto antes lo reconozca el Eln, mejor para iniciar unas posibles conversaciones a ver si algún día se detiene el baño de sangre que golpea a esta nación desde hace décadas.

Vanguardia/Editorial