2 de diciembre de 2021
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Política con pimienta

24 de julio de 2014
24 de julio de 2014

carlos felipemejia

Daba la sensación de que estuviera dirigiéndose a los empleados de su finca y no a un Congreso donde hay figuras relevantes.  Utilizó un lenguaje altisonante, descoordinado, sin ideas  y confundió el recinto del senado de la república  con una plaza  de mercado, expresó el televidente. Evidentemente,  confundió la retórica parlamentaria con el grito, y el tono de voz al más alto volumen, transmitió la idea de que estaba hablando en un recinto de sordos.

Sorprendidos

Poco después de que intervino el señor Mejía, un televidente llamó a EJE 21 y expresó: “Sorprendidos  se vieron a los demás  senadores escuchando  esa disertación carente de  sentido político  hasta el punto que dos de sus colegas sentaron  su protesta  con solicitudes de uno  de ellos de compulsar a la comisión de ética  copias de su intervención por irrespetuosa y altamente grosera”.

Todo tiempo pasado…

Qué tiempos  aquellos cuando a Caldas  lo representaban en el congreso figuras cimeras como Fernando Londoño, Albeto Mendoza, José  Restrepo,  José Jaramillo Giraldo , Silvio Villegas, Guillermo Ocampo Avendaño,   Ramón Marin Vargas.  Algo va de Pedro a Juan .

Una carrera política truncada

El empresario Luis Roberto Rivas tenía gran futuro en la política. Hijo del industrial Roberto Rivas Salazar, iba impulsado sobre el lomo de una ola veloz. Había sido diputado, gerente de Infimanizales y alcalde de la capital caldense. En este último cargo demostró que es un magnífico ejecutor. Sin embargo, en su futuro se atravesó como el palo en la rueda «Integramos, una captadora de dineros a la que muchos identifican como una «pirámide». En el cuadro directivo de esta empresa aparecen Luis Roberto y varios miembros de su familia. El problema es que esta firma tiene ahorros por unos veinte mil millones de pesos de unas 150 personas. El dinero no aparece y los líos de la familia Rivas crecen en los juzgados. Este caso tiene en la picota pública a Luis Roberto que, presumiblemente, parte del tiempo que le queda lo deberá destinar a evacuar las citaciones judiciales. Una carrera política truncada.

Sobrina del exgobernador Ricardo Zapata

Luz María Zapata, esposa del vicepresidente electo Germán Vargas Lleras, es sobrina del exgobernador de Caldas Ricardo Zapata Arias. Nació en Pereira donde está radicada la mayor parte de la familia de Ricardo, hoy también residente en la «querendona, trasnochadora y morena» capital risaraldense, tal como la llamó el compositor y poeta Luis Carlos González. Sin embargo, esto no quiere decir que por este nexo el gobierno de Santos vaya a poner a correr ríos de miel por esta región. Lo dudamos demasiado y menos cuando en las elecciones del 15 de junio barrió en el Eje Cafetero el de Pensilvania. Tampoco se puede esperar nada de los «buenos oficios» de Ricardo pues cuando fue gobernador captamos en el desayuno lo que nos sirvió en el almuerzo.

Los rumores ministeriales

Muchos rumores en Bogotá sobre el nuevo gabinete del presidente Juan Manuel Santos en su segundo mandato. Se dice que Néstor Humberto Martínez, hijo de ese gran locutor, periodista y humorista Néstor Humberto Martínez Salcedo, es uno de los candidatos para el ministerio de Defensa. En la cartera de Educación podría quedarse la actual ministra, María Fernanda Campo o puede llegar la exdirectora del Sena, Gina Parody.
Al ministerio de Agricultura llegaría el actual ministro del Interior, Aurelio Iragorri, y en su reemplazo el senador liberal Juan Fernando Cristo, aunque también suena Sergio Díaz-Granados, que también podría asumir la cartera de Comercio. Wendy Arenas, excandidata al senado por el Partido Liberal, llegaría al ministerio de Ambiente y Ayda Formasnky al de Cultura. De candidatos de la región cafetera no se dice ni mú. Como si esta «mariposa verde» hubiera dejado de pertenecer a Colombia después de las elecciones del 15 de junio.

Inseguridad en Manizales

Demasiada inseguridad en Manizales. Por esta razón la gente paga a regañadientes el impuesto al teléfono. No se ven los esfuerzos de la policía para garantizarles a los ciudadanos los mínimos de seguridad. A la gente la obligan a hacer un esfuerzo económico por un servicio que está demasiado lejos de ser satisfactorio.