1 de diciembre de 2021
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Pisa revela la tarea por hacer

17 de julio de 2014

Cuando los medios titulan que Colombia se volvió a rajar en las Pruebas Pisa, aunque nos estemos refiriendo a las mismas practicadas en 2012, lo que se hace explícito es que las competencias de nuestros estudiantes en diferentes áreas del conocimiento ratifican ostensibles falencias, tanto en ciencias naturales, lenguaje o matemáticas, como en cuestiones menos académicas como la solución de problemas prácticos o el manejo económico y financiero.

Es importante destacar que no todos los países se someten a las pruebas de la Ocde y que los resultados obtenidos pueden brindar la posibilidad de introducir correctivos.

En las pruebas realizadas en 2012 se evaluaron 510 mil estudiantes de 15 años (de ellos, 9.073 colombianos), de 65 naciones, en lenguaje, ciencias y matemáticas. Colombia ocupó el puesto 62 y fue el país que más retrocedió.

Luego, en la prueba para resolver problemáticas actuales, realizada a 85 mil estudiantes de 15 años, participaron 44 países. Colombia (con sus 9 mil estudiantes) quedó en la posición 44. Y en la prueba sobre educación económica y financiera, donde se evaluó el conocimiento de los estudiantes en gestión de tarjetas bancarias, planificación de finanzas, gestión de cuentas de ahorro y crédito y comportamiento como consumidores, participaron 13 países. Colombia ocupó el último lugar con 379 puntos frente a los 603 obtenidos por los jóvenes en Shanghai, China.

Tras conocerse el puesto que ocupan nuestros estudiantes frente a los de otros países que se someten a estas pruebas, queda claro que existe una correlación directa entre educación y desarrollo, no necesariamente referido al PIB.

De tal modo que si Colombia quiere avanzar en competitividad y mejorar sus indicadores económicos y sociales para ingresar a la Ocde, tiene que mejorar la calidad de su educación y superar el rezago que tiene en materia de ciencia, tecnología e innovación.

En esa relación que se establece entre acceso al conocimiento, generación y aplicación del mismo, radica la clave para mejorar nuestra competitividad. Al comparar nuestros indicadores en relación a otros países, tenemos que ser conscientes de la necesidad de convertir la educación en una prioridad, lo que obviamente pasa por los recursos que se le destinan al sector y el foco que tiene esta inversión.

De ahí que insistamos en que para hacer esa transformación radical en la educación que las pruebas nos están revelando, tiene que tomarse la decisión de convertir la educación en una política de Estado, de modo que no uno sino varios gobiernos trabajen en programas y acciones de largo plazo, por lo menos a 20 años.

Son muchas las tareas pendientes, dentro de las asimetrías que presenta el sistema, entre la ciudad y el campo y entre colegios públicos y privados, pero es preciso, ante todo, contar con una fortaleza institucional centrada en torno a la formación del maestro para contar con el personal idóneo, capacitado y bien remunerado que permita crear un ecosistema donde se fomenten la investigación, la innovación educativa y la aplicación del conocimiento, que no solo corrijan las fallas del actual esquema de aprendizaje, sino que nos permitan crecer en términos económicos y sociales.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL