2 de diciembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Perspectivas culturales en el fútbol

10 de julio de 2014

jaime lopera

En términos de tácticas, por ejemplo, el juego de diferencias que antes identificaba a las agrupaciones es menos destacado: los equipos basados en la posesión, los equipos orientados al contraataque o los amigos del dribbling, hoy en día se combinan en esquemas más orientados a ganar que fundados en sistemas irreductibles. Alguien decía que si un equipo alemán es derrotado por un italiano como Ballotelli, o un costarricense como Campbell, algo se debe decir acerca de la influencia cultural en el desempeño de estos jugadores tanto como el esquema de su entrenador.

Las diferentes culturas donde se juega el futbol ofrecen la particularidad de añadir disímiles formas de adelantar las jugadas. Hay equipos como algunos sudamericanos que todavía le van valor a la posición de un enganche, en tanto que los europeos promueven más el juego colectivo, como lo probara Cruyff en su momento. El llamado sistema de W, que fue la marca de la época de El Dorado en Colombia, venía de Hungría; pero muy pronto esa forma de jugar fue destronada por los diferentes esquemas numéricos (4-4-2; 3-3-4; 4-2-3-1, y similares) con lo cual el juego adquirió más variedad y entusiasmo. Hablando más en detalle, solo Di María hace poco ensayó una rabona y nunca más se ha presentado el escorpión que hizo famoso a Higuita en un juego amistoso, lo cual habla muy bien del ingenio latino que facilita estas espontaneidades versus la rigidez europea que no las tienen.

De un solo vistazo, la variada globalización ha llegado al futbol de alguna manera sutil: siete miembros de la selección brasilera han jugado al mando de José Mourinho, un entrenador muy distante del jogo bonito que el Brasil ha auspiciado por años. ¿Quién se atrevería a decir que Filipao ha cambiado en ellos la mentalidad del portugués, o que Sabella haya logrado quitarle a Messi el esquema que aprendió de Guardiola? El país de nacimiento de un jugador, su aprendizaje y el de sus compañeros no podrá ser igual en un equipo local que en un gran equipo europeo y lo que trajo este Mundial 2014 son esquemas del viejo mundo. Por contraste, creo entender que Víctor Hugo Aristizábal nos trasplantó del Brasil la técnica de “jugador sin el balón” que aquí no se conocía y la cual causó muchas extrañezas a los comentaristas. Otros más sabios llamarán a este caso como uno más de “fertilización cruzada” entre las culturas.

Hay más datos: la Liga de Campeones de Europa y la Copa Mundo de este año al parecer incluye 94 jugadores pertenecientes a los ocho clubes que llegaron a cuartos de final del año pasado en el viejo continente. Según datos de Football Review, más de la mitad de los jugadores del Brasil son propiedad de los clubes en cinco ligas europeas. Con este detalle, la “diferenciación cultural” es cada día se aleja más y tiende más hacia una especie de homogenización del juego. Los jugadores africanos no pueden afirmar que todo su talento proviene de sus clubes en su continente de origen, sino más bien de los clubes profesionales que los contratan en Europa. En otras palabras, el Mundial del Brasil que ya termina trajo muchas más estrategias y tácticas europeas que sudamericanas porque no se ha inventado nada suficientemente novedoso que permita certificar la existencia de unas marcadas diferencias culturales. Pueda ser que en la Copa América del año entrante veamos unas opciones más creativas en este continente.

En cuanto a la Selección Colombia, la definición del profesor Fernando Cepeda es una síntesis invaluable de los nuevos valores culturales presentes en ella: «que el deporte es un canal de movilidad social, un factor de armonía social y un generador de sueños».  Pero además cabe añadir que nuestros jugadores parecen haber puesto el trabajo y los objetivos por encima del dinero, lo cual viene a ser un ejemplo de desprendimiento para las generaciones venideras. En virtud de tales ejemplos, Pekerman ha rescatado al mismo tiempo la ética puritana del trabajo y la alineación hacia el esfuerzo como parte de su filosofía personal, tal vez de origen sefardita, que privilegia los procesos con resultados antes que el exhibicionismo como norma de vida.

Julio 2014