30 de noviembre de 2021
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Paz, para un futuro sostenible

26 de julio de 2014

Si bien en el contexto latinoamericano se destaca por la estabilidad en el manejo de sus principales indicadores y ha venido creciendo a un ritmo sostenido que le ha permitido avanzar en la lucha contra la pobreza, este compotamiento no ha incidido en forma considerable en la disminución de la desigualdad, como sí ha ocurrido en naciones vecinas.

La deuda histórica que se tiene con el campo, por las problemáticas asociadas a la violencia que nos azota desde hace más de 50 años, es uno de los factores que incide en forma negativa para que Colombia pueda avanzar más rápido en la disminución de la pobreza.

Las diferencias en términos de bienestar (medido por indicadores como esperanza de vida, salud, ingreso per cápita, educación, acceso a los servicios públicos) entre los habitantes de la ciudad y del campo, permiten determinar con claridad que en los sectores rurales del país se encuentra la población más vulnerable.

El informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano 2014, titulado «Sostener el Progreso Humano: Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia», hace énfasis precisamente en la atención a esas poblaciones de alta vulnerabilidad, con el fin de instrumentar políticas nacionales que permitan mejorar la capacidad de los individuos y de sus comunidades para incorporarse al progreso de la sociedad.

Progreso que Naciones Unidas considera debe centrarse en el fomento de la resiliencia de las personas, es decir en su capacidad para enfrentar o adaptarse a acontecimientos adversos, y lograr así que el desarrollo humano sea cada vez más equitativo y sostenible.

Aunque todos podemos sentirnos en riesgo en algún momento de nuestras vidas, hay personas que en forma permanente tienen que enfrentarse a situaciones difíciles. Colombia tiene numerosas personas y comunidades en tales condiciones de vulnerabilidad. Pensemos, por ejemplo, en los desplazados, en quienes viven en zonas marginadas como el Chocó o regiones habitadas por afrodescendientes e indígenas.

La invitación que hace el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (Pnud) es a trabajar por superar esas vulnerabilidades para que a futuro se siga disminuyendo la inequidad, habida cuenta de que las tendencias globales en materia de desarrollo humano son positivas.

Tales vulnerabilidades suponen una amenaza para el desarrollo humano y, a menos que se aborden de forma sistemática, el progreso no será equitativo ni sostenible, asegura el Informe.

En el análisis y el ranquin de Índice de Desarrollo Humano que realiza la ONU para 187 países, Colombia con un IDH de 0,711 figura en el puesto 92 entre los países de Desarrollo Humano Elevado, donde se encuetra buena parte de los países de América Latina y el Caribe. Chile, en el puesto 41 alcanzó el mayor nivel en la región con 0.822, seguido por Cuba (44) con 0.815; Argentina (49) con 0.808 y Uruguay (50) con 0.790.

El mensaje es claro: si queremos avanzar con más rapidez, el país tiene que actuar para mejorar las circunstancias de las personas no solo en el presente, sino de sus perspectivas futuras de desarrollo.

Aunque el Pnud no hace una relación directa entre conflicto armado y estos indicadores de desigualdad, lo que subyace es que es necesario resolver los conflictos sociales que generan esas vulnerabilidades que nos impiden avanzar como sociedad, por lo cual la paz resulta esencial para un desarrollo sostenible en el tiempo.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL