30 de noviembre de 2021
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La ruleta o la lotería desde los 12 pasos

3 de julio de 2014

 

Ronald Dubbs, un irlandés malicioso y listo, ha venido proponiendo ciertas mediciones objetivas con respecto a los mundiales de fútbol y similares que vienen a cuento con los últimos acontecimientos deportivos. Su primera medición es el efecto de los penales.

Unos penales mal cobrados

Es necesario, dice Dubbs, calificar la efectividad de los cobros de penales: aunque se acierte, un cobro lanzado hacia el lado donde se tira el portero, es un cobro mal calificado porque el cobrador se dejó adivinar sus intenciones por el portero —salvo el caso de que se dispare hacia el ángulo de arriba, y el portero se deslice hacia el suelo, lo cual mejora la calificación. En cambio, el cobro fuerte al lado opuesto del arquero, arriba o abajo, es un cobro muy bien calificado.

El cobro corto y con pausa, tipo Zidane, es el de más alto riesgo y por lo tanto su efectividad se puede calificar muy alta (10 puntos). Muy pocos jugadores son capaces de hacerlo y el italiano Baggio perdió un Mundial por intentarlo.

El fútbol también es estética

En consecuencia, para Dubbs es poco significativo ganar un campeonato o un juego por penales porque este es un escenario totalmente al azar, muy lejos de la inteligencia, oportunidad y astucia que se debe tener para el juego ordinario de los noventa minutos. El futbol también es estética. No tiene gracia, dice, aunque ganar sea ganar y de los perdedores nadie se acuerda demasiado. La “paloma” de Van Persie en el último juego de Holanda con España en Brasil es un ejemplo de la estética del futbol –que no tiene más remedio que rendirse ante el ingenio de René Higuita con su “escorpión” del pasado; Dubbs se está imaginando un tiro de esquina que sea anotado con el “escorpión” de un delantero al final de un juego decisivo: sería el epítome de ese deporte.

Lo que esperamos de la Selección Colombia

Sostiene Pedro Gambetta, en su fútbol Vibrante, que lo que necesita Colombia de los integrantes de su exitosa Selección de fútbol, hoy protagonista del Mundial 2014, es que puedan prescindir de la idea de alcanzar una gloria personal, para ser conscientes de lo que pueden entregarle al país como ejemplos de vida.

Con esa mentalidad mantendrán los pies sobre la tierra, y se harán inmunes y fuertes frente a los cantos de sirena de un éxito siempre mentiroso y fugaz. Mientras la gloria propia es pasajera, lo conquistado con sentido de buen ejemplo ennoblece y trasciende los  tiempos.

No ir en busca de idolatrías

No hay enemigo mayor para el espíritu de los triunfadores que la gente que se envía en masa, embriagada por la emotiva búsqueda de idolatrías.

La invitación que hoy hacemos a nuestros jugadores, es que puedan rechazar el premio envenenado de una gloria momentánea, para convertirse en referentes de integridad para nuestros ciudadanos.

Entonces serán inmortales, parte integral de nuestra cultura y sus futuras generaciones. Aunque sus nombres propios un día se nos olviden.

Invitación a los muchachos de Pékerman

La invitación a nuestros jugadores es que puedan silenciar la voz interna de la egolatría, la voz de la importancia personal, para pensar en el servicio a los demás. Que puedan oponerse al ofrecimiento de un reconocimiento aquí porque prefieren dejarnos un legado vigente para todos los tiempos.

Lo que esperamos de ustedes, hermanos, no es una Copa, sino que nos hagan un mejor país, que nos hagan mejores personas.

De antemano, gracias por esos tres regalos.

Tolón Tilin

Se encuentran en una calle de Montevideo el goleador uruguayo Luis Suárez y su antecesor Enzo Francescoli, quien le pregunta hacia dónde se dirige.

Suarez, ni corto ni perezoso, le responde:

“Voy al consultorio del dentista a que me arregle la MORDIDA”.