5 de diciembre de 2021
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La realidad del agro

12 de julio de 2014

Y en los 200 años que lleva ésta de vida, en lugar de ser solucionados, se han multiplicado y ninguno ha hallado salida, debiendo agregarse que entre 1930 y hoy cada vez que un Presidente ha tenido la intención de abrir una puerta para que haya solución, sus políticas han sido pisoteadas por los defensores del statu quo y lo caduco se fortalece aún más, llevando tras de sí enorme cantidad de secuelas que mutan en inveterados conflictos políticos, económicos, sociales, que numerosas veces tornan en enfrentamientos armados internos.

Colombia hoy ignora realmente cuántas personas dependen, económicamente hablando, de este que es uno de los más sustantivos sectores de nuestra economía, ni cuantas son las unidades productivas que hay, ni cómo se está empleando y distribuyendo el suelo, ni cuantos dueños de tierra hay, ni cuántos arrendatarios tiene este sector, ni cuánta maquinaria está dedicada al laboreo de la tierra. Y no son siquiera confiables las estadísticas del número de cabezas de ganado existentes. Es más, no hay dato cierto del acceso a la educación que tienen nuestros campesinos, ni el nivel educativo al que han llegado.

Sobre todo lo anterior hay aproximaciones, suposiciones, mas no hay certezas. Eso muestra la gravedad del estado de cosas que hay en el agro colombiano.

Así, ¿cómo se trazan políticas agrarias confiables? ¿Cómo se planifica acertadamente el agro? Por eso tantas políticas y propuestas sobre este sector terminan en intentos fallidos.

Lo normal es que las políticas agrícolas que se trazan los gobiernos terminen en fracaso o en escándalo, no mejore la calidad de vida de los campesinos y Colombia siga sin una verdadera política de desarrollo rural, mientras crece la brecha urbano-rural.

Nuestro campo hoy, igual que en 1930, en 1960, etc., sigue pidiendo una verdadera política de desarrollo rural, un serio y atinado estatuto de tierras que sea acorde con las realidades del agro y no con los intereses de un sector determinado.

Así, la deuda del país con el agro sigue viva y la distribución de la tierra, como lo dicen cientos de estudios, sigue siendo demasiado desigual.

Vanguardia