4 de diciembre de 2021
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La ciencia necesita recursos

10 de julio de 2014

En un estudio realizado para Fedesarrollo por Hernando José Gómez -quien fuera director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) al inicio del presente Gobierno- sobre las actividades de innovación, se señala que «el rezago de Colombia en ciencia, tecnología e innovación frente a economías de referencia es evidente».

El estudio muestra cómo la inversión en investigación y desarrollo (I+D) en Colombia fue, en 2012, de sólo 0,17 por ciento del PIB. Esto se compara negativamente con lo que invierten otros países latinoamericanos, como Chile, México y Argentina, cuya relación es de aproximadamente 0,5 por ciento.

Este valor está lejos del gasto que hacen Brasil (1,16 por ciento), el país de la región que más invierte, y España (1,39 por ciento) un país iberoamericano de referencia. Además, al compararnos con algunos países desarrollados, como Alemania (2,80 %), Estados Unidos (2,89 %) y Corea del Sur (3,74 %), nuestro rezago es aún más significativo.

Estos datos ilustran cómo, en esencia, el problema que tiene Colombia en materia de CT+I está directamente relacionado con la baja proporción del gasto público y privado que se destina a estas actividades.

La escasa disponibilidad de recursos limita el número de investigadores de alto nivel, o de profesionales formándose en doctorados, o de laboratorios para la ciencia y la innovación y hace que la adición de nuevas capacidades sea muy lenta, lo que le dificulta al país avanzar en la generación y el uso de conocimiento.

Ello tiene efectos sobre la senda y el tipo de desarrollo que sigue el país. La baja inversión en las actividades de CT+I afecta la productividad y la competitividad, pues frena los avances de la necesaria transformación y modernización de los sectores productivos, como la agricultura y la industria.

En una época en la que el conocimiento es el factor dominante del desarrollo de los países, en Colombia prevalece una estructura productiva y de exportaciones caracterizada por la supremacía de sectores básicos en los que la utilización de nuevas tecnologías, la adopción de procesos y la generación de productos innovadores son extremadamente limitados.

A juzgar por las cifras del Observatorio de CT+I y del estudio de Gómez, el presente Gobierno, que tiene a la innovación como una de las cuatro locomotoras del desarrollo del país, no ha conseguido, excepto por la creación del fondo de CT+I del Sistema General de Regalías, una transformación mayúscula en el correspondiente gasto, como cabría esperar.

En 2012 la relación del gasto en CT+I como proporción del PIB era muy similar a la que se tenía en 2008, 0,45 por ciento. Con las regalías este guarismo sería de 0,60 por ciento, que sigue siendo insuficiente frente a las necesidades del país.

Frente al incidente protagonizado por la directora saliente de Colciencias, Paula Arias, el Gobierno salió de inmediato a aclarar sus intenciones, quizás debido a las repercusiones que tuvieron sus declaraciones.

Independiente del hecho de que fueran apresuradas por referirse a una comunicación preliminar sobre un presupuesto cuya definición debe seguir varios pasos, este incidente, que le valió su cargo, sirvió para llamar la atención sobre la necesidad de definir una política de Estado que impulse realmente la Ciencia, la Investigación y la Innovación, y dé un mensaje claro a la comunidad científica sobre la importancia que en el diseño institucional se le asigna a este Departamento.

Para este nuevo período, el gobierno del presidente Santos debería comprometerse a darles a tales actividades la importancia que estas tienen para el progreso y el desarrollo. Ese compromiso implica dotar al sector de los recursos necesarios para avanzar, aceleradamente, en la creación de capacidades, y en la generación y el uso de conocimiento.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL