30 de noviembre de 2021
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La cerrazón mental en el siglo XXI

2 de julio de 2014

jairo cala

El hombre cerró el libro que leía para responderle:

─ El mundo es una aldea, hija, porque desde que el hombre ha sabido hacer uso inteligente del poder interior que el Todopoderoso le concedió sin límites ha podido reducir a su mínima expresión sus dificultades; ha simplificado los medios de que dispone para comunicarse y se ha acercado a lugares insospechados, que ni siquiera ha visitado, para establecer relaciones de todo tipo con otras personas a las cuales, generalmente, tampoco conoce.

La niña pareció quedar confundida con la respuesta, por lo que atinó a preguntar de nuevo:

─ ¿Eso qué quiere decir, papá?

─ Quiere decir, hijita, que ya no hay obstáculos para penetrar en aquellos lugares que antes estaban vedados para cualquier persona; significa que todo está reducido a maniobrar un teclado y un ratón (mouse) para conectarse con el resto del mundo en menos tiempo del que necesita un gallo para cantar. Los mensajes «vuelan» a velocidades maravillosas; también las respuestas a esos mensajes, aunque no todos tienen la cortesía de emitirlas. Grandes negocios se mueven por ese prodigioso medio de comunicación en línea, y a instancias de ellos se capitalizan enormes sumas de dinero. Pero todavía existen millones de desprevenidos que no dan crédito a semejante esplendor.

─ ¿Eso que me estás contando me sirve para hacer la tarea? ─ interrogó la chica.

─ Claro que sí, niña; es la tarea misma. Sigamos. A pesar de existir tan trascendental mecanismo de comunicación, que todo lo reduce a un mínimo esfuerzo y todo lo acerca a nuestras manos, todavía hay humanos que viven en las cavernas. Bueno, no literalmente; pero, pareciera. Es una manera de decir para significar que están quedados mentalmente del proceso de celeridad tecnológica. Tienen una computadora en su casa u oficina, pero se resisten a darle adecuado uso. Algunos apenas la emplean para escribir breves mensajes, como se escribían cartas en las máquinas manuales diseñadas para tal oficio. Otros, se niegan a abrir una cuenta de correo electrónico porque dizque ¡les resulta costoso! No se han dado cuenta de que ese es un servicio gratuito. Unos más tienen cuenta electrónica para recibir mensajes, pero creen que ese buzón debe funcionar como los antiguos apartados aéreos, que eran unas cajuelas metálicas que una empresa de correo tradicional arrendaba a los interesados proveyéndoles de una llavecita para que las abrieran cada vez que iban en busca de correspondencia. Algunos remitentes eran secretos, y por tal razón se mantenía también en secreto el apartado aéreo. Los ciudadanos de hoy se niegan a aceptar que desde cualquier parte del mundo les pueden llegar muchos mensajes, se asustan con tal avance y lo único que se les ocurre es enviar notas ─a veces agresivas─ pidiendo explicaciones de por qué les escriben si ellos no conocen a los remitentes. ¡Como si para abrirse al mundo fuese necesario conocer a cada uno de los más de 6 500 millones de seres que poblamos este planeta! Así son los cerrados de la mente, hija.

─ ¿Y por qué razón no quieren entender que el mundo es una aldea? ─ preguntó de nuevo la niña.

─ Por su cerrazón mental. Ellos conciben el mundo como algo imposible de conquistar, aunque ya ha sido conquistado por muchísimos otros humanos. Están ajustados a sus anacrónicos esquemas de pensamiento, según los cuales nada es posible; así se imponen limitaciones, y, con su reducida forma de concebir su mundo y el de los demás se amargan la vida y amargan las de otros, incluidos aquellos a quienes dicen amar.

Para responder la pregunta específica de tu tarea, hija, digamos que esas personas no aceptan que todo ha cambiado, porque fueron criadas con mentiras y otros lastres. En su cabeza les introdujeron prohibiciones, temores absurdos, amenazas veladas y desveladas, teorías que idiotizan y aseveraciones lapidarias. Todo eso les arruinó su existencia, aunque tengan presencia física sobre la superficie de este planeta azul. Por estas y muchas otras razones, que ocuparían mucho espacio en tu cuaderno, hija, es que todavía hay millares de humanos que no quieren entender que el mundo se volvió un pañuelo (aunque ellos lo llenan de mucosidad). Pero, en cambio, es un pañuelo límpido y de bolsillo para muchos otros millones que tenemos mentalidad abierta al universo para que el Gran Hacedor nos la corone de gloria por cumplir su mandato de conquistar el mundo y todo lo que él contiene.

Después de escuchar a su padre, la niña escribió un resumen en su cuaderno. Y quedó informada de cuán útil es la comunicación tecnológica para no vivir en la era de las cavernas en pleno siglo XXI, el siglo de las comunicaciones.

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