18 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Keira: actriz con paso firme

27 de julio de 2014
27 de julio de 2014

keira

Su primer gran éxito fue Bend it like Beckham (2002), de la directora india Gurinder Chadha. Y Keira se hizo conocida en toda Europa. Pero enseguida llegó la primera entrega de Piratas del Caribe (2003), la saga dirigida por Gore Verbinski. Y la fama se volvió internacional. No pasó mucho tiempo hasta que se estrenó Realmente Amor (2003)… y El rey Arturo (2004). La cultura de la celebridad estaba a tope. «Las compañías se dieron cuenta de todo el dinero que podían hacer con fotos de chicas jóvenes. Más y más personas intentaban llevarse un pedacito del pastel. Y eso se traducía en que yo podía tener a 20 tipos siguiéndome todo el rato (…) Todo se volvió un poco desquiciado». Mientras tanto, los estrenos se seguían sucediendo: Regresiones de un hombre muerto, Orgullo y prejuicio, Domino (todas de 2005) y dos entregas más de Piratas… «Yo tenía 20 años y resultaba muy confuso. A esa edad quieres agradar a todos. Si alguien dice que no estás bien, quieres cambiar. Cuando creces un poco, te das cuenta de que no puedes gustar a todos. Es algo natural. (…) Y sé que tengo suerte, porque he tenido gente como Joe (Wright) con los que he trabajado en numerosas ocasiones, a quienes les gusta lo que hago, y eso de pronto se convierte en lo más importante. Entonces empiezas a no escuchar a nadie más. Porque pueden amarte u odiarte, pero no hay nada que puedas hacer. Es parte del juego», dijo a El País de Madrid.

Su fama alcanzó la cima en 2007, cuando la actriz demandó al diario británico Daily Mail por sugerir, con unas fotos robadas de ella en la playa, que sufría de anorexia. La culpaban de ser una mala influencia y tuvieron que pedir disculpas. Keira tenía 22 años y ya era la segunda actriz mejor paga de la industria -solo superada por Cameron Díaz- según la revista Forbes. Ese año había facturado más de 23 millones de euros por su papel en la tercera entrega de Piratas…, por Expiación, deseo y pecado (que también le valió una nominación a los Globos de Oro) y por su campaña para el perfume Coco Madmoiselle. La candidatura al Oscar había llegado dos años antes, a los 20, por su papel de Elizabeth Bennet en Orgullo y prejuicio.

Fue entonces que Keira tomó una decisión que debe haber sido difícil para la hija de una dramaturga (Sharman MacDonald) y un actor (Will Knightley): parar. Terminó de rodar La duquesa (2008), de Saul Dibb, y se tomó nueve meses: viajó, leyó, conversó. «Creo que hacer películas es un modo de vida extremo. Es todo trabajo, y luego nada. No es como ir un día normal a la oficina, y luego quedas a cenar y estás con tu gente. Viajas, te vas lejos tres meses. Tus jornadas son… 12 horas como poco, quizá 15 o 18. Y si enganchas una película y otra y otra, por muy maravilloso y excitante que pueda ser, literalmente no tienes nada que te sostenga. No tienes casa, no tienes amigos. Y creo que de pronto desperté y dije, espera un minuto, necesito sentir quién soy, quién es mi gente, saber quiénes son las personas que no tienen nada que ver con el trabajo», explicó.

Keira siempre supo que quería ser actriz. Cuenta la leyenda que a los tres años le pidió a sus padres un representante. A los ocho ya había visto Mucho ruido y pocas nueces, la adaptación de Kenneth Branagh de la comedia de William Shakespeare. En la adolescencia fue el turno de participar en varias series y películas para televisión. Y a los 15 su parecido con Natalie Portman ayudó para que fuera elegida para interpretar a una de las sirvientas de la princesa Padme en Star Wars: Episodio I. Ese fue su primer trabajo en Hollywood, cuando su madre todavía la esperaba a un lado del set. A los 16 dejó el liceo para dedicarse a la actuación, una decisión que aún hoy se cuestiona. «Hice todo mi aprendizaje en público. Y tuve que crear una piel gruesa para soportarlo. Estoy segura de que el recorrido hubiera sido más amable dentro de una escuela de actuación haciendo toneladas de errores», confesó a The Guardian. «La crítica es dura. Es un sacudón para la forma en la que uno se ve y se relaciona con lo que ama», agregó.

Pero Keira aprendió la lección, y desde su vuelta al ruedo no todo es un sí. A juzgar por sus papeles de los últimos cinco años, ha ido combinando roles dramáticos con argumentos más livianos. Su participación en el thriller Jack Ryan: Operación Sombra (2014) es el mejor ejemplo: tras el rodaje de Anna Karenina (2012) quería un personaje que no fuera «oscuro» ni «estuviera muriendo». La crítica no fue demasiado contemplativa con el film, pero esta vez, al menos para la actriz, esa no es la prioridad. Para los próximos meses tiene en carpeta dos nuevas películas: el drama histórico The imitation game y el thriller Everest. Lejos de los blockbusters de antaño, Keira todavía apuesta a más: «La mayoría de mi trabajo todavía está en la órbita de lo comercial. No he incursionado en lo más experimental, que es algo que me gustaría hacer».

LOS PAPELES QUE CUENTAN SU HISTORIA

Star Wars

Su primera incursión en Hollywood se la debe a su gran parecido con Natalie Portman. En Star Wars: Episodio I interpreta la doncella de la Reina Padmé Amidala y también hace de doble de Portman.

Piratas del Caribe

Interpretó a Elizabeth Swan en las primeras tres entregas de Piratas del Caribe y declinó a sumarse a la cuarta película. La saga integra la lista de las más taquilleras de la historia de Hollywood y convirtió a Keira en una hit-girl.

Orgullo y prejuicio

Su papel de Elizabeth Bennet en la adaptación de la novela de Jane Austen dirigida por Joe Wright le valió una reconciliación con la crítica, además de una nominación a los Globos de Oro y otra al premio Oscar.

Jack Ryan

De la mano de su admirado Kenneth Branagh, Keira se sumó a este thriller de acción inspirado en el personaje ficticio creado por el escritor estadounidense Tom Clancy. En el film interpreta a la esposa del espía.

PREMIOS, GLAMOUR Y BENFICENCIA

Además de actriz, Keira Knightley es una gran activista social. En 2006 subastó el vestido de Vera Wang que llevó en los Oscar y donó los beneficios a Oxfam Internacional. Además, es la cara de la campaña de Amnistía Internacional y ha participado en iniciativas contra la violencia doméstica. También, en 2007, sustituyó a la modelo Kate Moss como la imagen del perfume Coco Mademoiselle, de Chanel.

EL PAÍS, URUGUAY