5 de mayo de 2021
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El Niño desnuda la falta de planeación

25 de julio de 2014

Ya empiezan a aparecer los políticos oportunistas, llámense senadores, representantes, alcaldes y gobernadores, a lanzar acusaciones, hacer críticas y a convocar debates sobre los efectos y medidas adoptadas el Gobierno frente al fenómeno del Niño que se avecina. Pero cuando se revisa la cronología de esta situación crónica en el trópico, podemos observar que son los mismos protagonistas hablando del mismo asunto desde hace varias décadas. Son una suerte de deja vú los golpes de pecho que se hacen los responsables por la falta de planeación sobre el impacto de los veranos y los inviernos en la economía y en lo social.

Hasta la fecha, todos los ministros de Agricultura, Ambiente e Interior así como los directores de Planeación, el Ideam y la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo tiene que dar explicaciones sobre su papel en esta tragedia, sobre los riesgos de desabastecimiento de agua, el control o minimización del impacto de la fuerte sequía. Todos los anteriores funcionarios, los actuales y sus antecesores, tiene responsabilidad en la falta de planeación y control de un hecho que se repite de vez en cuando. Es clave que se explique no solo cómo se piensan mitigar los efectos del fenómeno climático, sino también qué están haciendo para que no nos vuelva a tomar por sorpresa. Pero como todo en nuestro país político, el único interés de los funcionarios es saber cómo se va a repartir el presupuesto previsto para atender esta situación.

Hay miles de ganaderos haciendo una fila irreal al aroma de los subsidios que se entregarán por sus aparentes pérdidas, pero nadie es capaz de pedirles cuentas a los productores de carne o cultivadores de cereales sobre el manejo del agua que consumen sus fincas y nadie les hace las cuentas cuando el preciado líquido está en tiempos de abundancia. Hay una reflexión histórica que bien vale la pena traer a colación en estos momentos: los países que tiene estaciones planean más sus ciclos productivos, pues tiene que acopiar productos para sortear largos inviernos o pronunciados veranos. En cambio en los países del trópico en donde no hay estaciones o simplemente el año se divide en meses de mucha lluvia y tiempos de baja lluvia, no hay hábitos de guardar ni mucho menos de planear.

La enseñanza seguramente calará en las nuevas generaciones, mientras tanto, los funcionarios y políticos oportunistas aprovecharán el Niño para sacarle a un Gobierno de chequera fácil millonarios subsidios, en lugar de enseñarles a los agricultores a planear sus ciclos productivos.

LA REPÚBLICA/EDITORIAL