9 de diciembre de 2021
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El fútbol y una ronda fatídica

4 de julio de 2014

Espero que con esta primera frase haya llamado la atención de los pocos o muchos lectores de esta columna, que he suspendido voluntariamente por los días en que se juega el mundial de fútbol, porque sería el colmo de la ingenuidad creer que van a dejar de fijar los ojos en  la muy buena información de Eje 21 y los periódicos del país o en  los comentarios de los mas reconocidos cronistas por meterle el diente a las opiniones de este rascapluma que tiene dos o tres temas recurrentes. Por ejemplo, insisto en que La Vida no debe exponerse por lo que es apenas un juego. Apasionado, sí, deslumbrante, también, masivo y enceguecedor de igual manera. Tanto y tanto se ha escrito sobre el fútbol como fenómeno de masas, como religión, si se entiende como tal la deificación de sus protagonistas y el aturdidor fundamentalismo que irradia, como motor de indescifrables comportamientos gregarios  o como ciego fanatismo que conduce a la intolerancia y a la violencia consecuente, que imaginar algo nuevo para agregar es tarea infructuosa.

Pero algunas otras reflexiones son válidas  alrededor de lo que hoy se escenifica en el Brasil y que hace olvidar a millones y millones de gentes de los temas cotidianos y de sus urgencias inmediatas.  Como consignar que lo que nos duele y nos apabulla es que las reacciones ante un gol, ante un triunfo o una derrota, en nuestro país acarree desgracias  con la presencia de la muerte . Hace veinte años los hinchas de Inglaterra, de Holanda, de Rusia y de la misma España, dejaban su sangre derramada en los estadios y calles aledañas porque unas consignas o unas banderas despertaban los bajos instintos de los furibundos seguidores de los equipos. Una guerra en Centroamérica, fue disparada por el resultado de un partido. Los argentinos y los colombianos provocaron y provocan enfrentamientos armados en las tribunas y en las avenidas circundantes de los escenarios  . Y el portar una camiseta o una bandera, ciega la conciencia de los jóvenes que apelan a la agresión para imponer sus consignas guerreras o su territorialidad. Los viles asesinatos de hinchas que por solo llevar la enseña de un equipo se han ocasionado, claman al cielo. Nos haríamos interminables en inventariar todos los males que se derivan de comportamientos que giran alrededor de las filigranas, los triunfos y las derrotas que se verifican en los estadios, en los que la única  triunfadora es la misma muerte. Cuantos féretros cubiertos con estandartes no hemos visto desfilar en medio de vítores solidarios y de gritos de venganza.

Que es lo que duele y entristece. Casi que con seguridad podemos vaticinar que cualquiera que sea el resultado del enfrentamiento deportivo de hoy, la muerte efectuará su ronda fatídica.Mas en nuestro país, en nuestra tierra que en otras partes, lo que carece de explicación o de justificación alguna. Se dice que los desbordamientos y los homicidios  son ocasionados en su inmensa mayoría por el exceso de ingestiones etílicas; que los colombianos no sabemos beber, porque a flor de piel mantenemos la intemperancia, los resentimientos y la rabia. Ni sabemos vivir, porque no aceptamos que el fútbol es un juego y que perder o ganar es efímero, pasajero, indigno de sacrificios como la de la propia vida. Puede ser. La declaratoria de la ley seca decretada por alcaldes prohibicionistas, parece que les ha dado la razón. Se ha rebajado la comisión de desafueros y el número de  víctimas. Lo que nos debiera avergonzar. Porque corrobora lo que muchos de nuestros connacionales sostienen y los extranjeros que nos visitan observan y es que los colombianos bebemos hasta perder el sentido y tomamos  aguardiente hasta que se oscurecen nuestras entendederas. Y de ahí en adelante, la plena inconsciencia: nadie responde por sus actos. Verdad o no verdad de esta conclusión, es deplorable lo que nos sucede. Doctores tiene la salud mental que nos pueden acercar a un diagnóstico acertado. Mientras se pronuncian, hay que implorar a los manes protectores para que unas horas que podrían ser de exaltación de nuestros valores como la disciplina, el juego limpio y vistoso, alegre como unas castañuelas, que han lucido nuestro deportistas en Brasil, no se empañen por el imperio de la muerte.

Ayer se celebraron veinte años del asesinato de Andrés Escobar, que se atribuye a motivos que tuvieron que ver de alguna manera con un resultado futbolístico. Fernando Araújo, escritor y columnista de El Espectador y de Cromos, en un crudo artículo publicado en la revista sobre los intereses extra deportivos que han primado en el fútbol colombiano, cuenta que Escobar,  antes del encuentro con Estados Unidos en el que cometió el autogol que nos sacó de la competencia y ante las presiones mafiosas para el entrenador Maturana, afirmó que  estaba que reventaba porque » no tiene sentido que la muerte ande rondando por ahí a causa de un partido de fútbol». Santiago Escobar, su hermano, al rememorarlo, nos dejó esta reflexión : » Yo a veces me hago la pregunta de para qué sirvió su muerte, pero después de tantos años parece que no para mucho. Porque si tuviera la certeza de que su muerte sirvió para que no hubiera más muertes injustas y para que los hinchas no se mataran por una camiseta, para que hubiera mas tolerancia, a lo mejor estaría mas tranquilo. Pero yo veo que después de la muerte de Andrés han ocurrido muchas cosas más «.

Gane Brasil o gane Colombia, asistimos a relevantes momentos de nuestra historia deportiva, en la que una nueva camada de futbolistas se ha partido el corazón para representarnos  con dignidad y tesonera entrega. Son nuestros mas vistosos y legítimos embajadores. Ojalá que el legado de ellos y de Andrés Escobar atempere los espíritus y no convirtamos a la ignominiosa muerte en la vencedora de lo que ya es una gesta. ¡ Loor a nuestros muchachos  y  alegría, paz y tolerancia en las celebraciones!.

Medellín, Julio 4 de 2.014.