28 de noviembre de 2021
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Concentración Juan XXIII. Curiosidades geográfico-futbolísticas

10 de julio de 2014

mario de la calleEsta edificación de influencia neoclásica, y llena de historia, como que fue la semilla germinal del gran desarrollo académico al que ha llegado nuestra ciudad, ya que fue inicialmente la sede del Instituto Universitario de Manizales, el cual a su vez fue el origen de la Universidad Popular que se convirtió luego en el alma mater de nuestra región, la Universidad de Caldas, merece un destino brillante en la vida cultural de nuestro departamento.

El edificio fue construido entre 1912 y 1915 (es decir, hace 50 años),  y para levantarlo se utilizaron como materiales, principalmente, la madera y el bahareque. Después de que se construyó una nueva sede para el Instituto Universitario, por allá en los años sesenta, se ordenó la demolición de la ya vetusta edificación. Pero la intervención de destacadas personalidades como los doctores Fernando Londoño y Alfonso Carvajal salvó de la destrucción el histórico inmueble que luego fue declarado monumento nacional por medio del decreto 922 del 19 de marzo de 1986. La población estudiantil de la Concentración ha disminuido dramáticamente a lo largo de los años, quizás debido a su ubicación en el arranque de la Avenida Santander, zona de vocación comercial, cultural y cívica, pero muy alejada de los barrios donde habitan los muchachos del nivel socioeconómico al que mayores servicios educativos debería prestar. Manizales cuenta con escuelas primarias en todos los sectores, y los padres de familia, por obvias razones, prefieren enviar a sus hijos a estudiar cerca a sus casas para que no tengan que transportarse hasta el centro de la ciudad para llevar a cabo sus estudios.

Ya la Alcaldía de Manizales ha iniciado labores en busca de dar a este edificio una destinación acorde con sus características y su ubicación urbana. Ojalá los planes salgan adelante y se conserve este patrimonio arquitectónico de la ciudad, característico de una época y recuerdo testimonial de los emprendimientos de la ciudad, en materia de educación y cultura, a principios del siglo pasado. El edificio ha sufrido variadas crisis, siempre por la falta de atención de las autoridades de otras épocas. El episodio actual trae a mi recuerdo que ya en 1938, el Rector del Instituto, que era en ese año el doctor Hernando De la Calle, escribía al señor Director de Educación Pública de Caldas una carta de rebuscado estilo que empezaba así: “Deseo corroborar a usted y, por su avisada mediación al señor gobernador, las vicisitudes del instituto universitario, desde mayo del año pasado hasta este abril de gracia, lapso en el cual el gobierno departamental me ha honrado tan señaladamente, atribuyéndome su rectoría.

“Corroboro a ustedes en vez de informarlos, porque entrambos a dos, usted y el señor gobernador, han rompido la costumbre de enterarse de los sucesos del plantel a cháncharas máncharas y por interpuestas personas, como era la usanza. Y hanlo hecho con tal ahínco suasorio, una vez que les tocaba y todos los días que amanece, que no ha quedado ostugo, rumoreo o niquiscocio alguno sin considerar, oliscar y tentar”

La carta es larga e incluye un vasto inventario de  las dolamas y carencias en cada una de las dependencias del Instituto. Lo que pedía De la Calle ya desde esa remota época, era la construcción de un  nuevo edificio para el Instituto, porque el antiguo amenazaba ruina. Este nuevo edificio fue construido mucho más tarde. Y ahora, 76 años después de escrita la mencionada carta, el edificio antiguo sobrevive y es hora de rehabilitarlo para que siga cumpliendo labores culturales y educativas de las que siempre hacen falta más. La carta fue reproducida por el diario La Patria el 8 de octubre de 1964, con motivo de la celebración del cincuentenario del Instituto, cuando ya éste contaba con nueva sede que había sido recién levantada en sitio contiguo a la anciana construcción por cuya supervivencia se trabaja ahora. Se necesitaron 26 años para que el gobierno departamental atendiera la inspirada solicitud del doctor De la Calle. De la información inclusa arriba son responsables, mi memoria, para el período en el que fui consciente de la vida intelectual de Manizales, y para períodos anteriores, ese docto Givive moderno llamado Google que, como el de carne y hueso de nuestra época, todo lo sabe hoy.

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Ha sido tal la avalancha mediática que ha recibido el actual campeonato mundial de fútbol, que hasta los menos fervorosos seguidores de ese deporte hemos sido enterados de todos los pormenores del evento. Y han ocurrido cosas al menos curiosas, algunas de las cuales tal vez vale la pena hacer notar:

1.- De los 8 países que pasaron a cuartos de final, lo que podríamos llamar la flor y nata del universo balompédico de hoy en día, cuatro están en un reducido pedacito del mundo, en Europa Occidental, a saber: Francia, Holanda, Bélgica y Alemania. Otros tres también están en otro sector que se puede recorrer sin solución de continuidad, es decir, sin tener que salirse a ninguna otra nación: Colombia, Brasil y Argentina. Al resto del inmenso mundo –América del Norte y Central, Asia, África y Oceanía (para no mencionar las deshabitadas zonas polares)–, solamente les quedó un cupito, aprovechado milagrosamente por Costa Rica, además bajo la dirección de un colombiano, José Luis Pinto. Es difícil imaginarse una concentración mayor y una distribución peor de la habilidad deportiva. También en lo idiomático se nota un fenómeno parecido: Con la sola excepción del castellano, que es la segunda o tercera lengua más hablada por sus nativos en el mundo, las demás lenguas de gran alcance se quedaron sin representación en esa instancia del torneo. En tres de los países se habla castellano. En dos (Francia y Bélgica), francés. De los otros tres, cada uno habla su propio idioma: holandés, portugués y alemán. Y no le correspondió ningún representante a los hablantes de otras lenguas más numerosas del mundo. Ni el mandarín, con más de 800 millones de hablantes nativos, ni el inglés con más de 300, ni el hindi, que le sigue en población con más de 280 millones ni el árabe que, con sus numerosos dialectos nacionales , abarca entre 200 y 250 millones, tuvieron nada que decir en ese grupo privilegiado. Es curioso, por decir lo menos.