1 de diciembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Colombia abrazó la gloria

5 de julio de 2014

La entrega de los 23 muchachos que viajaron a pelear ese sueño de alcanzar el campeonato orbital, mezclada con aquellos pasajes de un fútbol espléndido, que agotó comentarios de admiración, es el mejor premio a esta actuación histórica, de dimensiones épicas y líricas. En la cancha tuvimos 11 guerreros y a la vez 11 artistas. Esa mezcla de hermandad fiera con tal expresión colectiva de belleza nos trae un orgullo pocas veces experimentado.

No es este un equipo que fundó su atractivo en gestos pretenciosos. Es un grupo que inspiró su encanto en una solidaridad inusual en nosotros los colombianos. Por eso es que podemos decir que estos muchachos nos enseñaron a jugar juntos, a mover el mundo con la fuerza de nuestras manos -decir piernas- unidas.

Desde la tarde de ayer, este equipo tuvo en las redes sociales el reconocimiento de su grata presencia. Cuántos mensajes de admiración y agradecimiento, a pesar de haber perdido. Pero es eso: lo que es digno, lo que es ejemplar, aun en la derrota, alimenta a los seres humanos de optimismo y convicciones. En este caso a un país tan acostumbrado a perder sus desafíos contra sí mismo. Un país que a pesar de ser tan inmensamente rico, en todas las dimensiones, a veces luce pobre a la hora de crear oportunidades para encontrarse y ad-mirar su diversidad en el espejo (en la cancha).

José Néstor, James, David, Mario, Cristian, Éder, Camilo, Guillermo, Alex, Carlos, Pablo, Abel, Fredy, Juanfer, Jackson, Víctor, Teófilo, Adrián, Santiago, Farid, son nombres que ahora nos dirán, hasta que el tiempo lo cambie, que vimos jugar a la mejor Selección Colombia de todos los tiempos. Y esas son palabras mayores si pensamos en los grandes jugadores que hemos tenido.

Al terminar la tarde de este viernes, bastaba con mirar los primeros registros de la prensa internacional, que estaba electrizada con Colombia: «Pundonor, dignidad, valor, estilo, amor por la camiseta, adjetivos insuficientes para calificar a Colombia».

La derrota 2-1 ante Brasil, el orgulloso pentacampeón mundial, y organizador del torneo, no nos duele tanto por la obligada salida de la competencia, nos desanima porque nuestra Selección nos estaba regalando y provocando tanta alegría, tanta emoción y tanto orgullo. Y lo reconoció el mundo: Colombia le ha devuelto a la humanidad futbolística la fe de que en la belleza, en la estética de este juego fascinante, reside una grata manera de trascender, aunque aparezcan, como ayer, el día y el partido de la derrota.

Los muchachos de Pékerman llegaron muy lejos. Tocaron la sensibilidad de quienes aman el fútbol porque sí, porque los llena de motivos cotidianos para la polémica, y la de quienes lo ignoran porque no, porque no puede haber un espectáculo tan poderosamente hipnótico que reduzca las masas al grito delirante de un gol.

Fue un sueño. ¡Ahhh, como de veinte días… Un sueño compartido por un país que necesita hallar motivos, ojalá cada vez más, para encontrarse. Para templar los lazos de su identidad y su reconciliación.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL