1 de diciembre de 2021
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Cerrando el paraiso

26 de julio de 2014
26 de julio de 2014

Poco a poco se ha venido desvelando la importancia de este escritor: su vida y su bibliografía son abundantes en términos de lo que hizo y escribió hasta su muerte en esa finca favorita. Sus peripecias como escritor, como periodista, como corresponsal extranjero, como orientador político desde el diario La Nación, se cuentan por cientos.
manuel mujica
Manucho, como familiarmente le decían, fue un escritor representativo de la aristocracia porteña, inteligente, generoso, altivo y culto, pero hasta la publicación de su libro “Bomarzo” (1962) no trascendió mundialmente.  Dada sus preferencias por las grandes gestas de la historia, escribió sobre las Cruzadas, la batalla de Lepanto, sobre Carlos V, el reinado de Felipe II, todo ello con un lenguaje descomunal y selecto que atraía a sus lectores de una manera irremediable. Aquella novela fue una larga narración histórica basada en la vida real del Príncipe italiano Franceso Orsini, Duque de Bomarzo, quien vivió en el siglo XVI bajo el sello de todas las acciones decadentes de la aristocracia florentina.

Bomarzo es una novela ambiciosa e imaginativa que, paradójicamente, nunca dio pie a ser categorizada como parte del “boom” de los sesenta. Nadie sabe decirlo, pero esa omisión debe tener algún significado. Sin embargo, con libreto de Mujica y música de Alberto Ginastera, se hizo una ópera que fue estrenada en Washington en 1967 con un éxito mundial inmediato –aun cuando se le diera enseguida una prohibición inmediata del Gobierno para presentarla en el Teatro Colón de Buenos Aires dada la parodia al despotismo que la obra contenía en muchas de sus partes.

La colección de cuentos sobre la historia de las ciudades argentinas, en especial los libros Aquí Vivieron y Misteriosa Buenos Aires, empezó a proporcionarle a Manucho suficiente reconocimiento en su país. Esa enorme saga sobre la sociedad de Buenos Aires, y su novela La Casa (1954), consolidaron su reputación como un narrador histórico que ofrecía, con humor e ironía, los mejores detalles sobre la vida de la incipiente burguesía bonaerense y sus iniciaciones europeas. Más adelante con El Unicornio, en 1965, Mujica Laínez consolidó su posición como uno de los escritores más representativos de la cultura argentina. Adicionalmente era un viajero obstinado, la mayor parte de las veces por cuenta de su labor periodística, y dejó a la par unas crónicas de su traslado por Europa y Asia que han servido como modelo a los escritores de libros de viajes.
Cuando dejó su ciudad natal y se internó en “El Paraíso”, en Córdoba, donde murió hace ya treinta años, Manucho ya tenía tras de sí una reputación nacional que por mucho tiempo no sobrepasó las fronteras de su país. Sin embargo, en respuesta a esta extraña situación, la Universidad de Princeton adquirió a la viuda todos los archivos del escritor, sus novelas, cuentos, biografías, libros de viaje y ensayos que constituyen una obra duradera para la sección latinoamericana de esa universidad norteamericana. Esta parece ser una buena prueba de la calidad de escritor que hallaron los especialistas de esa universidad.
Hace tiempos leí uno de sus cuentos, “Elegancia”, que describe las alternativas de un concurso organizado por los personajes de los cuadros del Museo del Prado con el fin de premiar allí adentro al mejor exponente de la elegancia y el estilo dentro de la galería. Los principales jurados son los bufones y el enano del cuadro de Velasquez quienes, para darle equilibrio a sus juicios, deciden nombrar un jurado alterno compuesto por los principales dioses del Olimpo. En ese cuento se puede hallar el preciosismo, el ingenio, el manejo del idioma y de las metáforas brillantes que le dan la merecida notoriedad a la obra de Manucho.

Muchos se han preguntado por sus relaciones con el otro escritor argentino, Borges. Eran buenos amigos, pero no del todo: al parecer las tendencias gay de Manucho no eran del agrado de Borges, pero sus encuentros eran provocadores. Por ejemplo, cuentan que el 10 de marzo de 1978, en la Feria del Libro de Buenos Aires, Borges se cruza con ese escritor al que quiere y respeta: Mujica Láinez. Se abrazan e inician una conversación que es interrumpida una y otra vez por los compulsivos cazadores de firmas. En cierto momento, Borges se gira hacia su amigo y le dice:

—A veces —se queja Borges a Manuel—, pienso que cuando me muera mis libros más cotizados serán aquellos que no lleven mi autógrafo.

Julio 2014

 

*Poeta y cuentista sevillano, al parecer pariente de Tocayo Ceballos; actualmente ejerce la docencia en Barcelona.