17 de mayo de 2021
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Vendrá el chantaje

13 de junio de 2014

Por eso me sorprendieron gratamente las  puntualizaciones que hizo el señor Fernando Betacourt Escobar, no tanto porque esté de acuerdo o no con ellas,  porque no puedo dármelas de que fui víctima de todos esos hechos históricos que primero su familia y luego él, padecieron directamente o sus consecuencias.  Porque esa es la medula de lo escrito por este ciudadano.

Sin presumir de orientador intelectual o columnista de la gran prensa, se pronuncia sobre sucesos de antes, que ocurrieron, que a muchos les consta, además de ser constancias históricas.

Pero los intelectuales que han medrado siempre, o han sido nostálgicos de los pasillos del poder, les ha dado por ser arúspices. Sólo se refieren a lo que se imaginan, o suponen que va a ocurrir.

Claro que piensan con el deseo. En el fondo quieren que ocurra, que se vuelva realidad ese apocalipsis que predicen. Han hecho y dicho todo lo posible para que así sea. El pueblo no es tonto, como lo creen,  si es que no lo conocen, no tienen nada qué ver con él.

Como nunca pierden nada, sueñan en el fondo con que a esto se lo lleve el putas, para poder decir que tenían razón. Que lo advirtieron. Bueno, unos poquitos, los demás se «voltearán». El trabajo que les dará. Si nunca lo han hecho. Con cara ganan y con sello perdemos los nacidos para perder. Y hay que ver a estos intelectuales de la clase media de provincia, cargando «los monederos falsos» para que les arrojen la moneda hacia arriba, que ellos la recogen del suelo. Pues se lo saben de memoria. Es hacia donde siempre han mirado.

Ninguna de las violencias que se han  presentado en este país, ha afectado nunca, en lo más mínimo, a la rosca santafereña, virreynal, de que la que habló William Ospina, y que hizo reaccionar «francamente», es decir, estilo Franco o Pinochet, a estos abanderados de la libertad de opinión y del respeto por el pensamiento del otro.

Que lean los periódicos de los años 44 y 45, y lean los discursos, los editoriales, las columnas de los ancestros de estos permanentes «dueños» de Colombia, de la oligarquía liberal -y no alcanzo a citar textos literales-, de cómo trataban a Gaitán, qué no le decían, cuánto le temían, cómo le odiaban, hasta que tuvieron que resignarse a entregarle las llaves del directorio nacional, y después,  la suerte, de la que han gozado siempre, les da la oportunidad de aprovechar y lucrarse de su martirio. Es lo que su hija Gloria no ha podido perdonarles nunca. Pero con tratarla de «loca», la sacaron de taquito.

Las entrevistas o las declaraciones, se las censuraba en esos periódicos. Los mismos de hoy. Las publicaba, qué lo van a creer los ignorantes con prejuicios heredados, El Siglo, y claro, ahí mismo decían que era para dividir el partido. Como si no estuviera separado entre los de arriba y los de abajo. Pero éstos últimos, que también padecieron hace setenta o más años, las aspiraciones presidenciales de otro Santos y de otro Lleras (futuro Vargas), a falta de un Gaitán,  están felices con la reelección de ese acorazado de la verdad, de la palabra empeñada, de la antihipocresía, del saber a qué atenerse, en ese representante de un neopacifismo, tan absolutamente falso por lo flexible y electoral, como su proponente.

Es que hasta a las víctimas,  las acaban de revictimizar. Y se tragan también ese sapo. No existían, o no importaban, no tenían esa prevalencia, ni tenían afán los negociadores en darles primacía, antes de la campaña. Tampoco anunciaron una fecha para comenzar a hablar de ellas, por ejemplo, después del 15. No. Había que utilizarlas como señuelo electoral, una semana antes de las elecciones. NO mucho antes, y menos, poco después.

El periodista español reveló el video de hace un mes, donde les pregunta a los dos jefes voceros de las Farc por ellas, que si las van a reparar, o a pedirles perdón, y uno, con una sonrisa de cínico desprecio, el Márquez, le pasa la pelota al Ciego, y éste dice cantando: «Quizás, quizás, quizás». Véanlo para que se estremezcan, o canten a coro con ellos, como quieren hacerlo los que siempre hemos querido negociar.

Negociar vidas, bombas, cocaína, negociar el poder, todo es negociable, porque está en riesgo la democracia. Sí, somos honrados, pero esta vez, tapándonos la nariz, vamos a votar esa negociación, porque ellos que saben de eso, nos han dicho que es la única lucrativa, es la única posible, la única eficaz (¡para quién o quiénes?) es de único dueño, intransferible, inmodificable, integral y perfecta. Estos defensores de la propiedad, hasta a la paz le han aplicado las normas de propiedad del antiguo derecho romano. Ni siquiera implica las obligaciones sociales de Leon Duguit. Es asombrosa esa capacidad de mentir y de mentirnos que tenemos los colombianos.

Gaitán decía que el hambre no era liberal ni conservador. Hoy, la paz tiene apellido, adjetivo personalista. Es la vanagloria, la ostentación de los que nunca han sufrido la guerra. Y señalan, con toda la belicosidad imaginable, a medio país de guerrerista. A los que no tienen la misma cómoda opción que ahora proclaman.

Señalar a medio país, o a la mayoría de sus votantes, como los malos, los ciegos, los sin carácter, los odiadores, los injustos, los vengativos, y señalarlos con una saña, con un anticristianismo, con un desprecio, por no llamarlo gratuito y feroz odio, pues viene de parte de los privilegiados, explica la sicología belicista de quienes han apadrinado la violencia, pero acusado a los demás de propiciarla. Más que la falta de respeto a medio país y a la sindéresis de los colombianos, es la expresión clara que Platón demostró con profundidad: Que no hay peor maldad que la de los buenos, de los que de dientes para afuera dicen que votan por la paz, cuando lo mismo les da, si es que no les conviene.

La gente olvida o, los jóvenes no la conocen. Es exacta a la sucia campaña de los grandes medios, cuando la candidatura de Rojas Pinilla en el 70.
Hasta el más indiferente, o el antirrojista tibio, como yo, se solidarizó conmovido, ante la feroz injusticia de la oligarquía, y votó por el exgeneral. Y ganó.Y la oligarquía hizo «lo que tenía qué hacer». Y sabe hacer. Lo que se teme haga ahora: Le robó las elecciones. Vivir para ver.

Todo se basa en el odio a un señor, al que le han agigantado una estatua inexpugnable, ante la que se sienten pequeñitos y temerosos, pero eso sí, unos Goliats de la moral, típico de la hipocresía bogotana. Hasta la señora Avella, le quiere atribuir la muerte, hace cuánto? de los miembros de la UP, olvidando a los gobernantes de entonces, a los Lemos Simons de entonces, que son los Irragorri de ahora,  y que hoy saborean una galleta en forma de paloma de paz, cubierta de mermelada.

Pero si ganan con paz o con guerra. Más con ésta. Será que no quieren más, ¿ganar? Son los ganadores de siempre  en el juego de poker, con las cartas marcadas, con el que se resuelve la suerte de este pobre país. Y solo se juega en un club exclusivísimo. Y estos demócratas se les tragan el cuento. Dígame si no dan ganas de llorar.

Estos comentarios que tratan de ser más de pensamiento que electorales. Viene de muy viejas convicciones y lecturas históricas, y van más allá de la suerte de unos candidatos, que hoy son estos y mañana serán otros.

Eso sí, queda la advertencia. A pesar de haber llegado debilitada militar y políticamente las Frac a la mesa de la Habana, por haberse llevado un proceso de paz no como política de Estado, sino para buscar un premio u obtener una reelección, con importantes pero esquemáticos acuerdos, más acelerados y oportunistas los últimos, que transparentes y profundos, por haber sometido al país a esa división maniquea,   cualquiera sea el triunfador en esta elección presidencial, quedará amarrado al chantaje de las Farc.

Serán ellas las que decidan y pongan las condiciones, las que nunca se les pusieron, porque si el estado legítimo los condiciona, amenazan con levantarse de la mesa. En esta competencia política, han sido los sonrientes testigos, con los ases en la mano.

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*La familia y la tierra
*Glosario político
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