18 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Uribitis aguda

8 de junio de 2014
8 de junio de 2014

El veneno es más fácil inocularlo por medios masivos que uno a uno. Por eso hay quien crea imposible que la grabación lo contenga, pues su “carga”, no obstante la sospecha de ello que puede adivinarse al ser el señor Bejarano el que inaugura el diálogo, al que se le da de primero la palabra. Lo difícil que les es mentir por un micrófono. Pero  la candidez que a veces se nos sale sin quererlo, demuestra que aún,  el más inteligente, no puede serlo todas las veinticuatro horas del día. Esos paréntesis o quiebres de lucidez,  es el momento que aprovechan emisoras como esas, para persuadir, inclusive a los que son normalmente suspicaces.

Ante tamaña farsa, me vi forzado a escribirle a remitente y remitidos, esta reacción, posiblemente equivocada, pero distinta, porque eso de pedir unanimismos auditivos, me parece más horroroso que el emitir una voz discordante.

AMIGOS

Me muero de la pena.

Me apresté a escuchar esa grabación de la doble w (yo no oigo radio) porque como no soy anti de nada, por lo menos no de personas, y no me he dejado meter el cuento, increíble en épocas de racionalidad y de escepticismo, de que en Colombia hay un ser superpoderoso, con todas las fuerzas del mal a su servicio, que no tiene una sola luz positiva porque todo en él es perverso, al que todos, pero absolutamente todos los colombianos que forman medio país, temen (y la otra mitad enajenada lo adora)y se sienten incapaces, por sí mismos, o por interpuesta persona (sus representantes en el congreso) de detenerlo, refutarlo, dominarlo, vencerlo, menos con armas como las ideas o los argumentos, sino que apenas ensayan otras más nocivas y de golpes más bajos y a mansalva,  que las que le atribuyen a su enemigo.

Claro que es posible que yo haya perdido la memoria, y el recuerdo de esa década, paradisíaca, transparente, de cero corrupción y de nunca vista tranquilidad ciudadana, de abrazos mutuos entre todos los colombianos y sin sangre de hermanos, esa década del 90 al dosmil o dosmil dos, anterior a los 8 años en que este monstruo derrumbó la institucionalidad, cerró todos los caminos interveredales, desplazó y formó grupos asesinos antes inexistentes e inimaginables, para llevarnos a un abismo del que a duras penas estamos sobreviviendo unos pocos, gracias a los santos, perdón, los Santos.  

Si cualquiera de ustedes me muestra una columna del samperista señor Bejarano, en la que haya expuesto una sola idea, o desarrollado un solo argumento, que brille por sobre el insulto, la rabia, el odio o la envidia, en el que no haya un solo juicio de valor distinto al peso y la rotundez del razonamiento, en el que podamos verlo colocado en el lado del otro, o bueno, en el centro, y no en el mismo en el que lo vemos siempre desnudo, con sus malos olores, y con las mismas obsesiones, me rindo y lo tomo como guía de lo correcto y lo incorrecto.

El presentador anuncia que van a intervenir dos juristas, de distintas orillas, cuando no, cuando resulta que es el señor Bejarano el que va a hablar, seguro a nombre de las dos partes, no pude resistir el escuchar un «discurso» por completo previsible, «dejá vu», que ya nos lo sabemos por El Espectador, seguro sin la menor sorpresa, porque si renovara el pensamiento e inventara siquiera otros insultos, hasta suscitaría curiosidad.

Si hay algo que me caracteriza, por el signo libra quizá, por formación jesuítica, por herencia materna, por actitud filosófica, por vocación crítica, es el oir siempre las tesis y sus réplicas, la afirmación y su contradicción, los juicios de unos y otros. No he creído nunca que siempre la vida me haya puesto del lado de los buenos y de la verdad, así como así, condenando al resto.

Pero estoy seguro que esa grabación es todo lo que se quiera, menos un tributo a la verdad  y un grano de arena para que los colombianos nos queramos más. Sí, que es, tiene que ser, un agravio a la inteligencia.

A lo mejor me pierda revelaciones que ignoro todavía, de parte de ese españolete con complejo de Eróstrato, sobre si como todos las hakers, jugaba a dos bandas, quién lo mandó a hacer el video, si fue un acto espontáneo o premeditado porque ya tenía comprador en la otra campaña (la que encabeza el Fiscal), si le nació por instinto de negocio o en verdad, en un arrebato ético y de apasionado colombianismo (??), pues Colombia es «pasión» o de patriotismo (no chapetón),  y porque entre hakers, el traicionarse los unos a los otros, sobre todo, el morder la mano de quien le paga, es usual. Es probable que sea ese el temario que  impuso del señor Bejarano, más con la proverbial imparcialidad de la emisora.

No puedo creer que hayamos llegado a esto y que nos dejemos llevar de la ternilla por los grandes medios, para ellos lucrarse con ese sancocho de ingenuidad, sangre, odio e ignorancia, que es el que nos sirven para que nos lo comamos toditico, sí chistando, pero contra el otro, contra aquellos que ellos quieran inventarnos como enemigos, sin que nunca tengan que ver con la violencia.

Esa última enfermedad inventada por el imaginario colectivo, la «Uribitis Aguda», que ataca con igual intensidad a los que se creen portadores del virus y a los que cargan desesperados el antídoto, con las vacunas que venden y distribuyen los exclusivos laboratorios de la oligarquía santafereña y a la que el arribismo provincial se ofrece para hacer los «domicilios».

Columnas anteriores del autor

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*La familia y la tierra
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