6 de mayo de 2021
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Ni un ovni se escaparía de votar

8 de junio de 2014
8 de junio de 2014

A mi entender, aunque soy muy poco ducho en materia de tejemaneje proselitista-electoral, a los colombianos nos quieren atar en un redil democratero para ‘obligarnos’ o mejor llevarnos (al matadero como llevan las vacas, dice la canción por cierto muy colombiana) a votar el próximo domingo entre ‘X’ y ‘Y’, dos cartas de la baraja que además están marcadas y que, quien parte y reparte (el dueño del casino) sabe de antemano que el ganador es el rey de la mentira y del busilis.

Podríamos llamar Santismo a ‘X’ y Uribismo-Z a ‘Y’ para no confundirnos. Digo esto para tener muy en cuenta la necesidad de no tomar la apariencia por la realidad como le sucedía a un antiguo caballero, o como decimos en el argot popular, confundir la mierda con la pomada. Para ponerle un poco de humor a esta nota, digamos que la mierda puede ser confundida con la mermelada (a mi mierda helada o nada, anteriormente se decía: a mi gelada o nada) en una esquina, y en la otra, la pomada (solución casera) que puede ser entendida socarronamente como el famoso bálsamo de Fierabrás. Este era un brebaje o potaje de los mil demonios que usaba don Quijote para sanar sus heridas y santo remedio; muy parecido a la estructura tinterillera (buscapleitos) que nos caracteriza en términos jurídicos e ideológicos frente al sistema de la ley.

Sea con ‘X’ o con ‘Y’ los colombianos no queremos  cambiar, siempre queremos ganar, y de ahí que somos malos perdedores. Con cara gano yo y con sello pierde usted. Allí está condensado todo el galimatías de nuestra forma de ser. Entonces nos ponen a escoger el menos malo como si todo fuera cuestión de moral burguesa. Los colombianos tenemos que idearnos y materializar un sistema que simplemente no nos ponga a escoger, que nos sirva para no delegar ‘honestamente’ nuestra capacidad práctica de hacer política tinterillera y entregar nuestro ejercicio de la democracia a un representante que en últimas no representa nada o siempre representa la misma cosa, lo no representable.

Los colombianos estamos sujetos e inmersos en un mismo redil, en parte porque nuestros hombres de letras, escritores, periodistas, editorialistas, politólogos, analistas, siquiatras, nos tienen enseñados a un mismo discurso, moralista y escapista, que no supera el galimatías entre el miedo y la ignorancia, entre la convicción y la fe, entre el temor y la serenidad, entre la ignorancia y la autoreflexión. Estamos atados con fuertes cadenas invisibles a la palabrería nefasta y servil de nuestra retórica insulsa y narcoléptica, muy rufinista, carista, bellista, a la usanza decimonónica cuando el bipartidismo liberal-conservador se sucedía señorial y magnánimo en el poder, y como lo sigue siendo bajo otras denominaciones (unidad nacional, centro democrático, alianza verdeamarilla) buscando perpetuarse en el solio de Bolívar y continuar sometiendo a esa lógica neocapitalista aeste pobre pueblo hecho trizas.

Yo creo más en una nueva asamblea constituyente que en seguir eligiendo presidentes de una república, que como la administración de una finca sin agua, no la maneja nadie. De ahí que todo tenga un olor nauseabundo a sainete de burlesco. Y todo porque nos acostumbraron (la letra con sangre entra decían los abuelitos) a mirar para el páramo y comer callados, en lugar de centrarnos en las oportunidades de una realidad que todo lo tiene, que nos pertenece a todos, pero que sólo unos pocos (‘la familia de la política’ anotó el escritor Ricardo Silva Romero) con la bendición del cardenal y la anuencia de los periodistas de bolsillo, quieren convertir en propiedad privada.

Y entonces habrá de correrse el velo. Que siempre hemos constatado que tenemos dos mares, tres cordilleras, cuatro grandes ríos, múltiples valles, sabanas, bosques, tierras de todos los climas, recursos naturales en abundancia e incluso desconocidos, gozamos de una inmensa biodiversidad y de una diversidad cultural para mostrarle al mundo, entidad que nos podrá ver  y compartir dichosa cómo construimos un nuevo país, una plurinación, no digamos única pero sí casi única e insólita. Somos un país de regiones pero sin identidad. Mejor dicho, ni un ovni se escaparía de votar el día que los candidatos fuera otros: ‘A’, ‘B’, ‘C’…
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