22 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La justicia en la pocilga

25 de junio de 2014

Nilson Pinilla hasta hace poco Magistrado de la Corte Constitucional ha hundido el dedo en la llaga. Ha colocado en el banquillo de los acusados a sus colegas Jorge Pretelt y   y Alberto Rojas, éste ligado a confusos sainetes cuando ejercía su profesión, y el primero compinche de sujetos procesales que dirimían cuantiosos intereses en la Corte. Es tan hediondo  este entramado, que Pinilla deja vislumbrar en sus declaraciones que hay  “dineros de por  medio” más un venal “tráfico de influencias”. ¡Qué horror!

En los nombramientos que surgen de la iniciativa de las Cortes hay una descarada simonía para la contraprestación de  favores. Tu me elijes, yo te elijo.  Díganlo sino los acomodos burocráticos de los familiares y amigos de esos postuladores. En todos estos organismos  funcionan las cuotas de poder. Ahora mismo  recusa el influyente Magistrado Francisco Javier  Ricaurte a su homólogo Marcos Velilla contra quien alimenta soterrada  animadversión; adicionalmente el Consejo de Estado ha de anular la elección de Ricaurte para el Consejo Superior de la Judicatura por conflicto de intereses.  Hubo hackeo  punible al magistrado  Gustavo Gómez Aranguren y muy cerca hacen  danza torcida Henry Villarraga de historia subterránea ventilada en la prensa nacional,José Alfredo Escobar y Reginaldo Bray cuñado de Escobar, los dos últimos incursos en hediondos conflictos judiciales.

Es pestífera la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura. Tres delincuentes administran justicia. Eso no ocurre ni en la mas podrida republiqueta africana. La Corte Suprema de  Justicia  (proceso Nro 36938) en sentencia del día 23 de mayo de 2.012  estampilló a los magistrados Angelino Lizcano Rivera, Jorge Alonso  Flechas Díaz y Julia Emma Garzón de Gómez como autores intelectuales de un crimen. Los tres insinuaron, aconsejaron, presionaron, trataron de obligar a un subalterno para que cometiera un prevaricato. Es inconcebible e inaudito que estén aún adheridos como moluscos a la roca de la justicia.   Peor aún : ¿con qué autoridad moral siguen promulgando sentencias?
Nadie entiende que la parlamentaria Lucero Cortés, con esposo estafador,    quien utilizó a los magistrados como puente para sancionar a un inocente (el  investigado fue absuelto) resultara condenada a 60 meses de prisión, y los que fabricaron el delito, los que lo aliñaron y sirvieron de  medio, los que lo manipularon, los que fueron colocados en la picota de la ignominia  por la Corte Suprema de Justicia, sigan orondos en sus cargos.

Ante el desplome alarmante de la moral judicial, preguntamos : ¿Somos –apenas- un miserable país de jueces  granujas? Con razón un reciente editorial  del  Espectador sostuvo que debía promoverse “la revocatoria de todos los magistrados de las altas cortes”.

[email protected]

Columnas del autor:

*El blindaje de los penalistas…
*¿Por qué Zuluaga sí?
*David y Goliat…
*Los gananciosos…
*Sándor Márai
*¿Uribe: ¿Un obstáculo para Zuluaga?
*¡Mande mi general!
*Frívolas historias de sexo
*Ritos paganos
*Misiva para Hernán Penagos
*Senadores departamentales
*«Una imagen vale más que mil palabras»
*La clandestinidad en el amor
*El barril de los puercos
*La fuerza que decide
*Defensa de la «mermelada»
*La palabra como escritura pública
*Primero, lo primero