18 de mayo de 2022
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Inquietudes menores

16 de junio de 2014

mario de la callePor ejemplo: Como ha podido verse, los sistemas de transporte masivo que se están implantando en las ciudades más importantes del país, no están dando los óptimos resultados que se esperaban. Mejoraron durante sus primeras semanas de implantación la movilidad de los usuarios, pero después empezaron a ser causa de mayores esperas, mayor congestión de pasajeros en las estaciones, más hacinamiento dentro de los vehículos y, sobre todo, problemas financieros casi que inmanejables en todas las empresas que participan en esos sistemas en las diferentes ciudades. A poco de haber sido dado al servicio el Transmilenio de Bogotá, hubo una romería de visitantes de muy diferentes países que deseaban aprender del sistema, muchas veces para pensar en duplicarlo en sus ciudades. Pero hoy en día, ese como los demás emprendimientos de su clase (Megabús, Mío, Metrobús, etc.), se han degradado hasta lograr que no pase un día sin que en alguna de las ciudades en las que ellos operan se lleven a cabo bloqueos de sus pistas exclusivas, ocasionados por la desesperación que causa el mal servicio, y  que acaban de empeorar las cosas. Así estamos.

En cierta forma, Manizales está libre de participar en esos experimentos, porque ni las especificaciones de nuestras vías urbanas, ni la topografía tan especial que tiene la ciudad, contribuyen en nada a que se pueda ensayar un servicio de buses articulados.

En nuestra ciudad ha dado resultados, en cambio, el sistema de cable aéreo desde Manizales hacia la Terminal de  Transportes y Villamaría. Es, entre otras cosas, un principio de integración para un área metropolitana.  Y se sigue comentando en la ciudad sobre la conveniencia de instalar nuevas líneas de cable hacia otros barrios y sectores. ¿Y qué tal una línea que una la estación de Villamaría con Chinchiná, y otra hacia el Bosque Popular y el aeropuerto de la Nubia? Es cierto que el servicio al Parque Los Yarumos ha sido un total fracaso, pero hay que entender que lo que pasó allí fue que alguna autoridad municipal contrató sin las necesarias garantías que aseguraran que el cable iba a funcionar. Se dañó, no ha habido nadie que lo pueda arreglar, parece que la plata se perdió y el sistema se acabó. Y tal vez contribuya a que nadie se le mida a ese problema, la poco demanda que hay sobre el mismo, como resultado de la pobre oferta de atracciones que pone el parque al servicio de propios y visitantes.

Yo no sé si se habrá hecho o se esté haciendo, por parte de Infimanizales o de alguna otra entidad,  un buen estudio para un sistema general de cables aéreos para la ciudad. De no ser así, valdría la pena que se hiciera. Si no hay la plata, sería bueno pensar  en enterrar menos dinero en la utopía de las laderas de Palestina para utilizarlo en algo que podría ser mucho más importante para las gentes del común de Manizales, porque mejorarles el transporte local es mejorarles su calidad de vida.

Pasando a otro tema, esperemos que la prolongación de Autopistas de la Montaña (o Autopistas para la Prosperidad), desde Tres Puertas hasta La Manuela, se vuelva una realidad. Sería la única manera de que Manizales tenga por fin doble calzada hasta algún destino importante, Medellín, porque lo que es hacia Cali, no parece que vaya a haber solución. Cuando se llega a Chinchiná hay que tomar una vía de una sola calzada (carriles de ida y vuelta), prácticamente hasta el estadio de Santa Rosa. Y después, hay otro largo tramo de similares condiciones, desde la cabecera de Dosquebradas (La Romelia), hasta más allá de Matecaña (El Pollo). Este último tramo es muy congestionado porque por él transitan todos los camiones que viajan entre Medellín y Buenaventura o Cali, en los dos sentidos. A ciertas horas, resulta uno conduciendo por allí detrás de dos o tres tractomulas, por cierto dificilísimas de adelantar, y hasta ahí llegó el placer de conducir o la posibilidad de hacer un buen tiempo.