16 de mayo de 2021
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En política, irse por las ramas, tiene sus frutos

10 de junio de 2014

Por lo anterior, la italiana Rita Levi Montalcini (Premio Nobel de Neurología) planteó lo siguiente: ”Vivimos en la pasado como hace 5.000 años, dominados por las pasiones y por los impulsos de bajo nivel. No estamos controlados por el componente cognitivo sino por el  componente emotivo el agresivo en particular. Seguimos siendo animales guiados por la región  límbica palocortical, sustancialmente iguales en los hombres y en los animales. La razón es la hija de la imperfección.”

Y es el componente agresivo el que estuvo presente en el discurso de Hitler, de Mussolini y de otros tantos líderes que han desencadenado más de una confrontación sangrienta a través de la historia.

Pero si a lo anterior se le suma una posición epistemológica que privilegia el objeto dentro del proceso de relación entre él y el sujeto, entonces estamos hablando de discursos hegemónicos que son planteados como la única verdad posible. Al respecto, bien vale la pena recordar que el conocimiento, desde la perspectiva pos-positivista, no es el producto de un sujeto radicalmente separado de la naturaleza sino el resultado de la interacción global del hombre con el mundo al que pertenece. El observador es hoy partícipe y creador del conocimiento. El mundo en el que vivimos los humanos no es un mundo abstracto, un contexto pasivo, sino nuestra propia creación simbólico- vivencial.

Nos parece importante traer a colación estas observaciones porque hacía mucho tiempo no se presentaban unas elecciones en donde la emoción, el impulso, la agresión y otros muchos bajos instintos hayan aflorado en las campañas, con tanta fuerza.

También es cierto que se ha reducido a un todo o nada en relación con la guerra, es decir, o guerra o paz. Entonces cuando se plantea por ejemplo, una paz negociada sobre la base de unos términos y mayores exigencias a los negociadores, entonces se descalifica o mejor, se le califica como una postura guerrerista. Y la contraparte aduce que una paz sin condiciones más rigurosas no es posible, porque estaríamos hablando de impunidad y de sometimiento del Estado a unas fuerzas oscuras representadas por la guerrilla.

Baste con observar lo que está sucediendo en Venezuela con el discurso y proyecto político de Chávez, en donde el 50% de la población considera que  la ruta a seguir es la del Socialismo del Siglo XXI, mientras que el otro 50% reivindica una ruta diferente y no es posible pensar en una ruta intermedia, producto de un proceso de negociación, de diálogo entre dos concepciones diferentes. No, estamos preparados exclusivamente para que la mitad de la población se imponga a la otra mitad, porque las cosas son siempre en blanco o negro: socialismo o capitalismo.

Como dice la misma Rita Levi Montalcini, no hay motivos suficientes para ser optimista, pero le debemos ser en la medida que en determinado momento se inicie un proceso de educación ciudadana, de educación para la convivencia, de educación política, para que en diez décadas podamos asistir a unas elecciones pacíficas en donde los discursos se centren en la solución de lo problemas que aquejan al país, y se busquen conciliaciones de las opciones diversas.