15 de mayo de 2021
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El Rey Messi acabó el cuento

21 de junio de 2014
21 de junio de 2014

Ni Alí Babá y sus 40 ladrones, ni Aladino y menos Simbad El Marino, con su ropaje de hoy,  pudieron cristalizar el esfuerzo de una hazaña que parecía al alcance, que casi tocaban, porque el reloj ya extinguía los minutos y le ponía limite a la angustia. El soberano se cansó de los cuentos y apenas le dieron una luz, sacó la daga y asestó el temido golpe. Messi se fue por la derecha, buscó su flanco, se durmieron los vigilantes persas, y, saz, un riflazo a la esquina derecha de Alireza Haghighi, quien se lanzó desesperado cuan largo es sin poder llegarle al balón que venía envenado. Ya estaban sobre el borde de los 90 y Argentina, con todos sus fantásticos, hacía lo indecible para romper el encanto y ganar la batalla. Era tal el desespero y la impotencia que los narradores de Directv Sports apenas aguantaban el impacto emocional y asustaban por la posibilidad de sufrir un infarto. El recato de la narración profesional se iba a pique y le abría paso al “vamos Argentina” que también coreaban, en medio del ahogo de la pesadilla, los aficionados compatriotas gauchos en el estadio Mineirao de Belo Horizonte. Argentina, sufrida y golpeada en su orgullo porque no fue capaz de humillar a Jerjes, encontró la manera de tragarse el paso y festejar una angustiosa clasificación para octavos. Irán estuvo ahí, a las puertas de la gesta heroica, con una actuación digna de sus héroes del pasado. Romero, el arquero argentino, sabe que  la tragedia lo rondó por lo menos hasta el gol de Messi. Sus intervenciones fueron de fantasía en tres o cuatro ocasiones, cuando Irán amenazaba con la bomba atómica de un gol inesperado. Reza lo puso a temblar. Argentina salió con sus cuatro fantásticos, pedidos por el rey, y puso en ejercicio diversas estrategias que una y otra vez eran neutralizadas por el sacrificio persa. Juego por las puntas, toque de primera, remates, centros, pelotazos, despliegue individual, nada funcionaba. Pero a veces la justicia se hace la desentendida o mira hacia otro lado. Cuando Messi pudo por fin tener un rato de gloria y soltar su remate hacia esa esquina que tánto les duele a los arqueros, Irán había acumulado méritos para reclamar por lo menos el empate. Injusto pero el fútbol no suele conocer esa palabra. Argentina es bicampeón mundial e Irán se asoma a su cuarto torneo de esta naturaleza. Hay por lo tanto una desproporción de fuerzas y de historia futbolística. Todavía no convence la estructura de equipo de los bonaverenses. Falta orden en ese firmamento lleno de estrellas. Lástima que Scherezade se hubiera quedado muda en el último instante y que el genio no hubiera atendido el pedido de Aladino. Ya sueños y leyendas aparte, Argentina se consolida en el grupo F, asegura el cupo de octavos y deja el resto de la lucha para que Irán, Bosnia y Nigeria hagan lo suyo.