28 de mayo de 2022
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El blindaje de los penalistas

19 de junio de 2014

Con una excepción : Alvaro Uribe Vélez. Desde que salió del Palacio de Bolívar anda blindado por un equipo de penalistas. Él ha tenido que soportar el señalamiento de sus  múltiples problemas con la justicia; ser auspiciador de los autodefensas; promotor de un homenaje en el que llevó la palabra cuando era gobernador de Antioquia a un general, compinche de criminales, preso y condenado  por autoría intelectual de un asesinato; sus hijos enriquecidos ilícitamente; sus ministros en la cárcel, unos por regalarle dinero del Estado a unos ricos desalmados; y otros pronto  a ingresar en ella por cohechadores; sus secretarios generales de Palacio rindiendo cuenta ante los fiscales; su Alto Comisionado para la Paz huyendo; su cuñada y su sobrina engrilladas por narcotraficantes en los Estados Unidos; los Secretarios Generales de Palacio con detención domiciliaria; un  Director del Das pagando condena por crímenes horripilantes y una mujer que también dirigió el Das, escondida en Panamá por sus pestilencias penales; su jefe de seguridad, miembro del Ejército, pagando mazmorra  en Norteamérica por aceptar que dirigía una red de bandidos cuando  trabajaba para Uribe; su jefe de seguridad de la Policía también enredado penalmente  con la droga; embajadores suyos  autores intelectuales de la muerte de seres inocentes encerrados en la Picota de Bogotá; su primo hermano  que acaba de pagar condena por sus fechorías; su hermano con  un agobiador caudal de sindicaciones como promotor y protector de maleantes asesinos.

Se hizo reelegir  acogotando a los parlamentarios para que modificaran la Constitución por el tortuoso camino de la criminalidad. Las notarías se convirtieron en vil metal  de pago a los  legisladores que se le plegaban; anestesió con  puestos públicos a los congresistas indisciplinados; colgó de los ganchos de los presidios a Yidis Medina y Teodolindo Avendaño cuando, por exigencia suya, sus ministros  compraron las conciencias de estos humildes legisladores de provincia.       

Obvio que no votamos por el poder detrás del trono.

Tampoco los hicimos por los hipócritas misioneros de una moral de pacotilla. No por esos fun- damentalistas que han violado el Código Penal y que inexplicablemente no pisaron  los panópticos. No por esos corruptos que surgen como directores espirituales de los partidos políticos.

Sí votamos por Oscar Iván Zuluaga de conciencia purísima, sin mácula alguna en el recorrido de su vida pública, de limpio corazón con  refulgente fuerza espiritual. Fué brillante en la exposición  de sus programas de gobierno, afirmativo y claro, noble guerrero en la contienda.

Zuluaga habrá de permanecer en la vida pública con  siete millones votos.  Lidera un inmenso ejército conquistado  con argumentos sólidos y gran nobleza en el combate. Su discurso en la noche que aceptó gallardamente el triunfo del Presidente Santos es un  catálogo de prudencia. Los que seguimos la ruta de la disciplina conservadora y acatamos en Caldas la voz de mando del  jefe único del conservatismo, Omar Yepes Alzate, estamos al pie de su bandera.

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