17 de mayo de 2021
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Carta abierta al expresidente Álvaro Uribe Vélez

22 de junio de 2014

jorge arango
Estimado Presidente:

El 13 de junio de 2014, para que dijeran los filisteos lo que quisieran del aniversario, escribí una apasionada defensa suya, jamás pedida y nunca prevista por usted. Hoy, apenas hoy, he caído en la cuenta de que usted no me contestaría con otra carta lo que era un comentario, solamente digno de andar en crónicas mas no en una correspondencia epistolar digna de tal nombre.

He tomado partido, señor expresidente porque estoy cansado, como millones de colombianos, de ver cómo cualquier chisgarabís le ofende. Y que usted que no ha hecho cosa diferente a servir a la república donde ella tuvo a bien reclamar su aporte, se encuentra cada vez más acorralado, por la jauría izquierdizante que todo lo exige de la democracia y nada le aporta. ¿Qué autoridad tienen, señor, estos nuevos próceres de mentirijillas.? Me anima a escribirle esta carta el testimonio insospechable e indiscutible de su antiguo profesor Carlos Gaviria Díaz, amigo que compartimos. Él me ha dicho que usted, mientras fue su alumno, se distinguió por su inteligencia, y por el valor con que defendía las ideas liberales, asediadas en la Universidad de Antioquia por unos muchachos que se decían de izquierda sin saber con que se comía eso. Ese testimonio, desinteresado y espontáneo de un filósofo del derecho, me basta.

Pienso llegado el momento de pasar a la ofensiva. Durante años han llovido sobre usted todas las descalificaciones de estos seudo próceres de es extrema izquierda. Y ha tenido usted, con la paciencia de quien tiene la conciencia tranquila, un comportamiento republicano que le honra. Si he de escoger entre la equívoca figura de Iván Cepeda y usted, me quedo mil veces con usted. ¿de qué no le han sindicado estos menesterosos? ¿Y qué le han probado? Nada. Ni siquiera Santos, su traidor de bolsillo, conocedor por fuerza de las intimidades de su gobierno, ha podido calumniarle con alguna credibilidad.

No reconozco en los últimos años un jefe liberal con cuyas ideas, me haya identificado ás plenamente, sin perjuicio naturalmente del culto que rendí al más grandes estadista liberal del siglo XX, CARLOS LLERAS RESTREPO, y de la amistad con que me ha honrado Ernesto Samper Pizano.

Sobra decir que ninguna culpa tiene usted por haberse equivocado de buena fe en la elección de algunos de sus amigos, traidores al fin los unos, y responsables de delitos que a usted no beneficiaron ni ordenó. Como dicen en nuestra tierra paisa, acaso se afanaron más como velones que el dueño de la olla. Cargarle a usted con delitos ajenos de sus subalternos, sería tanto como poner sobre las espaldas de Napoleón los pecados y las bajezas de Fouche.

¿Por qué ahora salgo en su defensa, que no me ha pedido, que no necesita? Sencillamente porque tengo autoridad para hacerlo, nada tengo que perder  y ninguna ganancia persigo.  En su primera elección no sufragué por usted; tampoco lo hice en la segunda. Me equivoqué la primera vez, siguiendo la disciplina liberal, que aconsejaba votar por Serpa; la segunda, lo hice por Carlos Gaviria; y en la tercera desaproveché mi voto al depositarlo por Mockus.

Tuve el valor de sostener la teoría de la legítima defensa colectiva, organizada y permanente, única suficiente para que la comunidad se enfrente a la amenaza de los bandoleros de todas las raleas. Después, me opuse, con razones, al referendo que malos consejeros le aconsejaron presentar. Usted entendió mi posición , y eso me basta.

Ahora, repito no veo por qué usted no se convierte en denunciante  del Cepeda de marras para que se vea obligado a demostrar sus calumnias. Se trata, en síntesis de invertir la carga de la prueba.

Cansado estoy, repito, de la torpeza de estos bellacos. Y a defender a figuras como usted consagraré gustoso lo que me resta de vida. Insisto, sin  recompensa que aceptar, sin precio porque no lo tiene el que dedico al ocio o al descanso.

Usted sabe que algunas batallas he librado por la república y por el Liberalismo. Por ejemplo, libré descomunal batalla para defender la inviolabilidad parlamentaria, cuando el sectarismo pretendió desconocer el artículo 185 de la Constitución. Para que no se emboten las armas que he puesto a su servicio, no encuentro uso más ennoblecedor.

Reciba mi cordial saludo de liberal, no de los de nuevo  cuño, sino de los de siempre, Lleras, López, Gaitán el máximo caudillo popular. Y en primer lugar, Uribe Uribe, el primer mártir liberal del siglo XX.

Dios guarde a usted,

JORGE ARANGO MEJÍA