17 de mayo de 2021
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Violencia bipartidista

17 de mayo de 2014

oscar jimenez leal

Escuchada  la invitación,  “Tirofijo” les manifestó la imposibilidad  de regresar,  pues ya hacía parte de una autodefensa organizada, bajo la dirección del “General“ Gerardo Loaiza. A renglón seguido aprovechó para   lamentarse  de  haber tenido que salir  con su familia y un puñado de amigos de Génova,  perseguidos por el gobierno conservador, sin que su propio  partido hiciese  algo para defender su vida y sus bienes.

No obstante, el  jefe Gerardo Loaiza,  consciente del inminente  peligro en que se hallaban  sus copartidarios,  aceptó enviar a un muchacho supremamente guapo  y de  su absoluta confianza,   llamado Teófilo Rojas,  alias “Chispas”, que valía por  cien combatientes,  según su expresión,  a quien   le entregó ocho  hombres y cuatro fusiles. No regresaron con las manos vacías los dirigentes liberales, dirían sus copartidarios.

A poco  andar el grupo fue creciendo y,  merced a la complicidad de algunos vecinos, dieron muerte a los integrantes de  un comando del ejército nacional acantonado en la  cordillera central y, además,  se dieron a la tarea de vengar la masacre cometida por Efraín González contra treinta y nueve  labriegos liberales que  laboraban al servicio del Ministerio de Obras,  en la construcción de una carretera veredal,   asaltando y quemando la Hacienda “Bosconía”, donde se congregaban más de  veinte dirigentes conservadores, sin que quedasen  sobrevivientes del macabro operativo.

Luego vendría el anticipo de lo que sería  el sicariato en los núcleos urbanos de la región, cuando cayeron  ciudadanos de uno y otro bando bajo la real o supuesta sospecha  – que  para el caso daba igual -,  de ser promotores o cómplices  de la violencia contra los contrarios y, donde cada quien se creía guardián y salvador de su propio partido, sin percatarse  que simplemente  era un vil instrumento de la maquinaria  de guerra que había desatado su furia incontrolada sobre este pedazo de la Patria.

Así fueron sacrificados,  por diestros y siniestros asesinos,   significativas  figuras de uno y otro partido,  como el cafetero  Floro Yepes,  padre del Senador Omar Yepes Alzate,  el Odontólogo, Luciano Echeverri,  el concejal Joaquín Lopera,  padre del  exgobernador,  Jaime Lopera Gutiérrez, el  representante a la Cámara, Oscar Tobón Botero,  el Diputado Juan Gabriel Hurtado y su hermano Carlos,  el agricultor  Maximiliano Roa,  el comerciante,  Tobías    Osorio Peña y sus hijos Gildardo y Gabriel Osorio Orozco, el periodista Celedonio Martínez Acevedo, el jurista  Enrique Cano Agudelo y muchísimos otros, igualmente,  víctimas anónimas de la sinrazón  política enceguecida y de un distorsionado  sentido de la militancia  partidista.  

Era como si voluntariamente se turnasen, en forma  paritaria  y alternativa, para asistir al trágico cadalso que los esperaba.   
Menos mal la época aciaga fue superada con  la desaparición de los verdaderos  protagonistas y actores de la confrontación fratricida,  incluyendo,  desde luego,   a  aquellos que,  mediante el famoso  “boleteo”, hicieron  del despojo de tierras una empresa criminal para su enriquecimiento torticero, lo que les daba  motivación  suficiente para el financiamiento de la violencia. Pues, en última instancia, esos perversos intereses, constituyen  el telón de fondo de todas las violencias que ha habido,   sin distinción  partidista  alguna.  

Solo   entonces,  la  reconciliación y la  armonía social  se anidaron  en    los corazones de nuestros conciudadanos. Por eso quienes,  como espectadores impotentes,  vimos desfilar,  ante nuestros ojos apesadumbrados,  el monstruo  infernal de la  violencia delirante, apostamos con vehemencia a una  paz digna, sostenible y duradera para todos los hijos de esta Colombia adolorida. En el entretanto,  será la sociología y la Academia  las que  deberán ocuparse  de encontrar las claves de la severa  patología social padecida,  para asegurar su  no repetición.