19 de mayo de 2022
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Represión y convicción

21 de mayo de 2014
21 de mayo de 2014

victor zuluaga Lo anterior lo planteo a raíz de las intervenciones que en la Asamblea Departamental hicieron los señores Defensores del Pueblo y el Asesor de la Secretaría de Salud del departamento de Risaralda. Ambos funcionarios fueron enfáticos en señalar que la mutilación genital practicada a las niñas en la comunidad indígena del Chamí, es un delito y por lo mismo debe ser castigado con todo el peso de la ley.

No quiero referirme al hecho de que las comunidades indígenas son consideradas como etnias que tienen una cultura diferente a la que predomina en Colombia y por lo mismo, los procedimientos mediante los cuales se les limita su autonomía en el campo jurisdiccional, deben ser sopesados para no incurrir en atropellos.

La mutilación genital es una práctica indeseable, sea practicada donde sea y por las motivaciones que sean. Y podríamos decir que las grandes discusiones que se vienen dando en Colombia, son también las que se plantean en España, en Cercano Oriente y en África, en donde se mantienen estas costumbres relacionadas con la mutilación genital.

Pero quiero llamar la atención sobre la falta de investigación que se ha presentado por parte de las autoridades que intervienen en la comunidad indígena para desestimular la práctica de la ablación. Producto de esa ignorancia se ha planteado por parte de algunas entidades, que la mutilación genital femenina fue introducida por las Hermanas de la Madre Laura, en la medida que por muchos años fueron las misioneras que hicieron presencia en la zona indígena del Chamí. Este argumento no tiene ningún respaldo documental; como tampoco lo tiene el que plantea que es una costumbre ancestral de la comunidad indígena.

Si no es una costumbre ancestral y no fue introducida dicha práctica por los Monjas de la Madre Laura, ¿cuál es la génesis de la mutilación que se le practica en los primeros meses de vida a las niñas?.  Desde mi punto de vista es una costumbre que introdujeron los esclavos africanos a partir del siglo XVII; esclavos procedentes de Malí y Senegal, quienes en su gran mayoría habían abrazado el islamismo. En nuestro país, los esclavos de Malí, quienes hablaban el idioma “manden”, fueron llamados “Mandingas” y satanizados al extremo de considerarlos como verdaderos demonios.

Fueron muchos los Mandingas lo que fueron llevados hasta el actual municipio de Tadó, Chocó, para trabajar en el laboreo de minas de oro. A su vez, los corregidores de indios del Chamí, llevaban frecuencia a muchos indios a trabajar en áreas cercanas a Tadó, en donde entrarían en contacto con la población esclavizada.

Lo cierto es que es una práctica que lleva centenares de años arraigada entre los miembros de la comunidad indígena y no va a ser posible de la noche a la mañana y con la simple expedición de decretos, acabar con esta práctica.

De un lado, se hace necesario trabajar con las mujeres para que ellas se conviertan en el  principal vehículo para desestimular la práctica, pero  también es importante trabajar con los hombres mayores porque ellos son los encargados de socializar las normas de la comunidad, las pautas de comportamientos. Porque sin duda alguna, cuando la mujer llega al matrimonio con el clítoris, es repudiada por el hombre.  Como se ve, la situación no es nada fácil y será un trabajo de muchos años los que permitirán erradicar esa tradición nociva y agresiva para la mujer.