18 de mayo de 2021
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Prepararse para El Niño

30 de mayo de 2014

En consecuencia, el Instituto ha señalado que «la probabilidad de que se desarrolle la fase inicial de un evento cálido, a comienzos del segundo semestre del presente año, es de alrededor del 70 por ciento». La entidad considera que El Niño tendría su inicio en los meses de julio, agosto y septiembre, y que la fase de máxima intensidad se presentaría durante el último trimestre del año.

A raíz del significativo impacto económico que produjo el fenómeno de El Niño en los años 1991-1992 y, en particular, por los efectos severos en los sectores agropecuario e hidroenergético, el Ideam puso en marcha diversos modelos de predicción y mecanismos de seguimiento de la variabilidad climática interanual relacionada con los fenómenos de El Niño y La Niña.

La experiencia pasada también le ha enseñado al Instituto la importancia que tiene no sólo generar información y pronósticos, sino adelantar labores de sensibilización y socialización sobre los efectos y las prácticas que ayudan a amortiguar los impactos de los fenómenos climáticos sobre los recursos naturales.

Frente a la alta probabilidad de que durante el próximo semestre se presente el fenómeno de El Niño, el país debe ser consciente de que las menores precipitaciones afectan el abastecimiento de agua para el consumo humano, la generación de energía y el desarrollo de los cultivos y los pastos. Además, impacta el transporte y el turismo, al igual que la salud, pues el riesgo de brotes de enfermedades aumenta.

En este sentido, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac) les ha hecho un llamado a los agricultores del país para que lleven a cabo prácticas sostenibles. Igualmente, enfatiza en la necesidad de «erradicar prácticas insostenibles para el suelo, como la eliminación de la cobertura vegetal (deforestación) y la quema inmediata del rastrojo».

Diversos estudios han establecido que los principales efectos de El Niño recaen sobre el sector agropecuario. En particular, lo que se presenta es una tendencia a la reducción de la productividad agropecuaria, y, por ende, de la correspondiente oferta.

Los análisis del Banco de la República y el Ministerio de Agricultura determinan que la presencia de este fenómeno se traduce en una reducción cercana al 5 por ciento en el rendimiento agrícola.

Estos impactos generan aumentos de cierta magnitud en los precios de los productos agrícolas y, particularmente, de los alimentos, especialmente de los perecederos. Por el peso tan importante que estos bienes tienen en la canasta de consumo, El Niño termina impactando la inflación general.

De esta forma, advertidos de la inminencia y los posibles impactos de El Niño y para evitar tener que llorar sobre la leche derramada, desde ahora los diferentes actores, con las correspondientes autoridades a la cabeza, deberán adoptar las medidas necesarias para mitigar el daño que este fenómeno puede ocasionar en las diferentes regiones.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL