17 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Muchos dólares baratos, pero muy escasos

9 de mayo de 2014

Los primeros días de mayo no solo llegaron a la economía con un nuevo capítulo de las protestas campesinas, sino con una elevado dato de inflación, que si lo miramos con el filtro anualizado (abril 2013, abril 2014) ya está por los lados de la meta para todo el año de 3%. Ese leve repunte o resurrección del llamado ‘impuesto de los pobres’ se dio una semana después que al Junta Directiva del Emisor decidiera mandar el mensaje de que el tiempo de las tasas bajas había terminado y que Colombia se montaría en el carro de los países que empezaron subir sus tipos para atajar la subida de precios o brotes inflacionarios.

Así las cosas, este quinto mes del año tiene activos los siguientes actores: inflación al alza; tasas de intervención creciendo; problemas de suministros de alimentos, vía paros campesinos, y por supuesto esto se suma al entorno internacional, con una acentuación de la revaluación del peso. El llamado ‘dólar Cárdenas’, haciendo alusión a las promesas del ministro de Hacienda de llevar el peso a $2.000, se siguen esfumando, o para muchos opinadores del tema, dándole dolores de cabeza a los exportadores y por que no al Emisor.

Lo curioso de todo este asunto es que la economía está llena de dólares por eso está barato, pero en la calle la moneda estadounidense no se consigue. Hay una operación dosificadora de la moneda. La explicación es sencilla, los comercializadores callejeros de divisas están esperando una intervención de las autoridades económicas para que la moneda vuelva a subir y así ganen con los millonarios cambios diarios. La Tasa Representativa del Mercado, TRM, ronda los $1.910, mientras que el dólar callejero se compra a $1.970, pero se vende a $2.000. ¿Qué hacer con esta situación? El ganador sin duda alguna es el comprador en dólares que paga con la tarjeta de crédito a la TRM del día.

La incertidumbre de la moneda local versus la estadounidense no es solo en Colombia. Ocurre lo mismo en Brasil, Chile y Perú. La devaluación del dólar es una enfermedad que ronda el vecindario y todo parece indicar que será la constante para el final del año.

Buscar las causas internas para darle explicaciones es una absoluta pérdida de tiempo dado que la normalización monetaria emprendida por la Reserva Federal de Estados Unidos no ha empezado y seguramente estamos frente a un nuevo orden monetario internacional.

Los gobernadores centrales de la Alianza del Pacífico son quienes más deben aprender a comunicar que el dólar devaluado es un asunto de difícil manejo por parte de las autoridades económicas locales.

La República/EDITORIAL