24 de mayo de 2022
Directores
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Marco Tulio Sevillano, Calidoso.

15 de mayo de 2014

La parió con toda seguridad cuando en la época de una violencia que buscamos trascender, a unos campesinos innominados les cortaban su miembro viril con testículos incluidos y se los metían a la boca mientras se desangraban por múltiples heridas que les ocasionaban las bestias humanas. O cuando les abrían un orificio en la garganta y por ahí les sacaban la lengua, los abandonaban amarrados a un árbol y los chulos les devoraban las entrañas. La lengua les quedaba de corbata . Los periodistas de la crónica roja denominaron ese procedimiento selvático como corte de franela.

Ante esos inimaginables crímenes, el Maestro Echandía nos colgó la lápida al afirmar que Colombia es un país de cafres. Frase a la que se le suele agregar que,»con perdón de los cafres «. Y no es para menos. Desde las guerras de independencia, las guerras civiles, las guerras religiosas, las guerras políticas, las guerras por las tierras, las guerras por política, las guerras gratuitas por banderías fundamentalistas, las guerras pandilleras, las guerras vengativas, las guerras callejeras, las guerras por caducas ideologías o por ideologías sin apellido y toda clase de guerras que nos sacan el lobo que llevamos los colombianos por dentro, se han cometido en campos y ciudades los mas feroces ataques a la vida, valor supremo y  arco toral de la civilización. Que nos producen indignación, asco y repudio, pero que los arropa al otro día el olvido y la  indiferencia , que también es nefasto patrimonio de la nación que los ilusos y los utopistas tratamos de reedificar todos los días.

A veces brilla el sol de la esperanza. La Universidad, los artistas, los atletas,los científicos, los literatos, con sus triunfos ante el mundo,  nos hacen sentir orgullosos de nuestra tierra. Pero como hoy, la conducta de los brutos y congéneres de las bestias más hórridas, nos cubren de vergûenza, nos incitan a negar nuestra procedencia y nos sumergen en la  idea de que los colombianos carecemos de virtudes para convivir en sociedad.

A poca distancia de nuestra casa, en las horas de la madrugada del 2 de mayo, un hombre de la calle que  recostaba sus huesos sobre la hierba, cerca de un caño que había escogido como su hogar, fue atacado con su perrita, su única compañía tan desvalida e indefensa como él, por individuos de la peor calaña que los rociaron con gasolina, les tiraron un fósforo  y les produjeron quemaduras que les ocasionaron la muerte. Los médicos del Hospital San Ignacio de Bogotá trataron de salvar al hombre, quien entró en coma y el viernes agonizó en su camilla, solo, como había vivido, en su escogencia  libre y existencial. Rolo, su compañero de hogar al escampado y a quien hoy abrazamos, contó que la víctima se quejaba mucho del dolor  y preguntaba con voz apagada si su mascota se había salvado del cruel ataque. Desde el viernes el hombre y la perrita descansan en los arcanos del cosmos y el olvido los cobija con sus sombras como si nunca hubiesen existido.

La mesa tendida en mi hogar para el almuerzo, permanece silenciosa. Cuando a mi mujer y a mi hija les transmití esta historia, agacharon sus cabezas, disimularon una lágrima y cambiaron de tema. La sopa tuvo sabor amargo. Yo sé  que sintieron impotencia, rabia y desolación. Como yo, que a la hora en que uno estas letras debiera estar con los estudiantes en el entierro simbólico  de  Marco Tulio Sevillano, Calidoso. Lo apodaban así los javerianos, sus vecinos, para reconocerle que trataba a todo el mundo con afecto, los saludaba, e incluso los cuidaba mientras tomaban el transporte a cambio de una moneda o de simple compañía. Pero no estoy con ellos, porque la desolación, la rabia y la impotencia me paralizan. Y el miedo. Los neonazis, las barras bravas o quienes hayan sido los asesinos, no tendrán paz interior por el resto de sus días, que es el peor castigo de los dioses. Y asustarán los fantasmas en sus conciencias cuando despierten, si es que pueden dormir y si es que tienen conciencia. Solo se me ocurre como homenaje a Marco Tulio Sevillano, Calidoso, y en representación de los misioneros de LA VIDA , visibilizarlo,al titular con su nombre esta columna, publicada en un diario digital de provincia. Una lágrima cae sobre mi computador, mientras una nube gris cubre a Bogotá. Y a mi pais.