28 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Los engendros del mal.

22 de mayo de 2014
22 de mayo de 2014

Venimos de tiempo atrás, y en cada cuatrienio, en una degradación acelerada del ejercicio democrático en las contiendas electorales. Las campañas se vienen convirtiendo en una especie de campo de batalla en donde se desplazan los programas, las ideas y buenos modales y sólo prevalece la injuria como arma predilecta para acallar y abatir al contendor, recurriendo a enrostrar verdades vergonzosas, calumnias, chismes y toda clase de consejas en procura de crear discordia, confusión, escepticismo, y, por ende, una peligrosa polarización de la opinión pública.

Además, de vieja data se viene practicando la oprobiosa y corrupta  compra-venta del voto que degrada por igual a quien lo compra como a quien lo vende y, para completar, ésta ya cuenta hasta con el auspicio y beneplácito del Presidente de la República, así quedó demostrado, sin duda, en las pasadas elecciones parlamentarias.

De los 116 presidentes que ha tenido Colombia, buenos, malos, regulares y otros que pasaron sin pena ni gloria, ninguno ha sido tan controvertido como Álvaro Uribe Vélez, motivo por el cual es difícil clasificarlo. En su segundo cuatrienio, primer mandatario reelecto de manera inmediata, se empezaron a destapar una serie de episodios, con tinte oscuro y hedor penetrante, que dejaron atónito a una parte considerable de la población que no estaba obnubilada con el fenómeno político Uribe ni con su polémico programa bandera de gobierno: “la seguridad democrática”, y esos son los que no tienen espíritu maleable.

Del primer hecho escabroso del que se tuvo noticia fue de la apertura de la investigación penal por parapolítica contra muchos parlamentarios, parientes y amigos cercanos del presidente Uribe y de su gobierno, comprometidos hasta el tuétano con esa organización al margen de la ley, por estas calendas, también se dijo de la relación que tuvo Uribe cuando era gobernador de Antioquia con estos grupos criminales; posteriormente, se abrió investigación penal contra unos Congresistas y Ministros por el manejo fraudulento que se le dio a la reforma constitucional que permitió la reelección presidencial; y nos llegó el “legado Uribe” las abominables interceptaciones y la era de los hacker que se instituyó en la Oficina de inteligencia del gobierno, y que al parecer quedó establecido como de uso normal y cotidiano, según se desprende de la actual campaña presidencial.

En el periodo presidencial de Ernesto Samper Pizano- 1994-1998- se abrió un proceso que se conoció como el  “8000”,  por entrada de dineros del narcotráfico a esa campaña presidencial, y, como siempre, salieron condenados algunos chivos expiatorios, los peces gordos siguen “frescos”. Hoy, según parece, la historia se repite en cabeza del presidente Santos  por la campaña de 2010, y a través de un delincuente venezolano de apellido Rendón, también íntimo de Uribe Vélez, y de quien se dice entregó 2 millones de dólares del narcotráfico a la campaña Santos. Nótese que en todos los pasajes aciagos de la última década, siempre está la figura fantasmagórica del ex presidente Uribe.

A partir de 1994, se le imprimió a la campaña presidencial (Samper- Pastrana) el “todo vale” , y quedó preestablecido, empezándose a recurrir a una diversidad de ataques injuriosos disfrazados como publicidad y con un contenido de mensajes perversos, temerarios y dañinos y, en algunos casos, denunciando públicamente, con pruebas o sin ellas, conductas delictivas que sólo conllevan a crear discordias, exacerbar las huestes y atomizar la campaña contraria, forzando así la intervención de las autoridades judiciales, lo que no deja de ser un caos para el ejercicio pleno de la democracia con perjuicio general y un daño enorme para la imagen del país.  Así como van las cosas, sólo nos falta que en un mañana se recurra a los ataques develando la sexualidad de un candidato.

En la campaña presidencial de 2002, Álvaro Uribe, sin dotes de estadista, y mucho menos, de orador ni tener fluidez en la retórica, ganó la Presidencia de Colombia con facilidad asombrosa. En sus charlas de campaña, mas no con discursos estridentes, cambió la arcaica y repetitiva perorata sobre la salud, la educación y la vivienda, por el de una propuesta escueta y jamás oída: su campaña no tenía máculas como la del proceso 8000, infundió en el electorado el terror a la subversión y prometió acabarla en 6 meses, sin mencionar a los macabros paramilitares, un Congreso unicameral, la supresión del Consejo Superior de la Judicatura y erradicar de raíz la corrupción política y burocrática. La gente, mamada de lo mismo, le creyó, y con una votación copiosa arrasó con todos los pronósticos de las encuestas, y no dejó títere con cabeza.

En la reelección presidencial de 2006, Uribe Vélez, montó su campaña con toda la agresividad, como buen iconoclasta no tuvo recato ni con las instituciones ni con Raimundo y todo el mundo, fue despectivo y soberbio, hasta el profe Mockus recibió sus anatemas y lo condenó a ser un “caballo sin fuercita”, con apetitos desordenados de poder montó su segunda reelección a como diera lugar y sus “hombres malos”, los lacayos y los abyectos hicieron el “mandado” recurriendo a todas las triquiñuelas, conocidas y desconocidas, franqueando hasta las leyes divinas y sus desafueros dieron al tope, ya que su objetivo o fin era la otra reelección sin importar los medios, fuesen macabros, graves o leves.

Santos, Zuluaga y Gallego, fueron los ministros de la confianza  y de las entrañas de Uribe, sin tener Gallego el vuelo político de los dos primeros. Zuluaga, su ministro de Hacienda y Santos, de Defensa, en ese entonces, los dos eran incondicionales, lacayos y abyectos del Jefe de gobierno, estas condiciones peculiares le valieron a Santos ser presidente de Colombia, y a Zuluaga la candidatura a la presidencia por el Partido de Uribe, el Centro Democrático. Los dos compartieron con su Jefe muchos de los arcanos de Estado, de sus estrategias de campaña reeleccionista, de los procesos de parapolítica, de lo que piensa la oposición y la posición de uno o dos periodistas no alineados, no obnubilados y no arrodillados.

Los seres humanos, per se, son proclives al arribismo y al plagio, pero no al plagio bueno, sino al malo y perverso y, por lo regular, el plagiador es un excelente alumno con gran capacidad de asimilación y termina imitando a su profesor en su modo de hablar, pensar, obrar y, hasta, de caminar, y no se sonrojan, siguen campantes aparentando originalidad.

Es por ello, que no debe sorprendernos este espectáculo bochornoso y desagradable que nos brinda a diario esta guerra sucia en la campaña presidencial de Santos y Zuluaga, bajo la batuta de Álvaro Uribe, y que tanto daño está causando a la democracia y a la imagen del país.

Santos y Zuluaga, son producto del mismo monstruo que los absorbió y alineo ideológicamente  desde el año 2002. De acuerdo a las últimas encuestas, reseñamos a los que pasarían a segunda vuelta, estos dos “engendros” el menos nocivo para esta Nación, incluida la Paz, es Juan Manuel Santos. Álvaro Uribe, encarnado y reencarnado en Óscar
Iván, y quien es ubicuo cabalga al mismo tiempo dos de los caballos apocalípticos: Rojo=guerra y Bayo=muerte.
¡Piense Colombia!

Manizales, mayo 16 de 2014.