29 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Cultura mafiosa empotrada hasta en los tuétanos

21 de mayo de 2014

Los marcaban con clavos ardientes que contenían el desalmado escudo de las estulticias que generaban según sus pareceres la distinción por pertenecer a una casta de presunta sangre azul emparentada con la molicie de antepasados sucios y hediondos por la costumbre inveterada de oler a mierda en los veranos, los inviernos, las primaveras o los otoños de esa Europa medieval.

Fueron dejando a medida que se emparentaban con los súbditos toda suerte de fulleros que iban con el paso de los años afinando sus maldades y poniéndolas al servicio de todo lo que fuera atropello.

Mucho tiempo más acá todavía se trafica con los muchachos de cuerpo de delfín y mujeres  que aunque los años haya tallado  de grietas sus figuras o se insinúen  estómagos de elefante  se las disputan en el medio oriente o aquí no más en Panamá o en la sabana Bogotana para satisfacción de los placeres al menudeo. Estos desgraciados seres humanos son engañados con la ilusión de mejores tiempos pero solo sirven de instrumentos de placer para degenerados que pagan por momentos fugaces con dineros que van a parar al bolsillo de los traficantes.

Y EL CONTRABANDO

La época brillante del contrabando en este país espurio convertía toda la zona limítrofe de miles de cientos de kilómetros de frontera en la zona propicia para invadir de vendettas las mafias que se apoderaban del destino de las autoridades civiles y las de uniformes de todos los colores,  sembraban de terror y muerte todo lo que no estuviera a la altura de su talante delictivo. Cigarrillos Marlboro o Scotchs de todos los sellos pasaban en containers los cuales tenían un pasaporte ilícito con la complacencia de la podredumbre oficial. Hoy aun todo sigue igual aunque exista una tal Polfa de uniforme verde que solo sirve para capturar  pequeños contrabandistas de cajitas al menudeo mientras las grandes bolsas pasan al socaire de las vigilancias ciegas pero con los bolsillos generosos.

LAS DE  LA “HAY”

Incluso señoronas de  las mejores castas, o por  lo menos así  se hacían reconocer, viajaban a Aruba y  Curazao o San Andrés a traer  dentro de las verijas o los corsés perfumes y chucherías de contrabando para vender a sus clientes de crédito semanal. Todo entraba de manera ilícita y las dueñas del encanto se convirtieron en el centro de atención de quienes les entregaban cada ocho días la cuota que les rebajaba la posibilidad de encontrar alivio a sus necesidades.

La cultura mafiosa no respetaba ni las cocinas de lujo de los barrios de estrato seis.

Y así poco a poco se fue llenando este pobre país de antisociales que penetraron todo. La iglesia católica, apostólica y romana que era dueña de las almas de casi el noventa por ciento de los colombianos de épocas recientes antes de que los intrusos “cristianos” llenaran de garajes  cuanto recodo  misericordiosos de la bondad divina a cuenta de diezmos y primicias y ofrendas, fue permeada tranquilamente  por los dineros de los antisociales de toda clase en momentos que el narcotráfico se apoderaba de la inmaculada concepción que tenían los antiqueños de la gracia del señor. Ahora es natural que los complejos multinacionales del tráfico de  alabanzas en nombre de dios  también tengan sus peones y alfiles adiestrados para el lavado del dinero de las mafias.

Todo permeado por el asqueroso estiércol del diablo.

Era natural que la politiquería, una de las pestes más sobresalientes  de este pobre país, se prestara  por siempre para toda suerte de delitos  convirtiéndose  en la materia primera para entronizar el narcotráfico con patente de legalidad. No hay ninguna actividad ilícita que no haya estado involucrada en el seno de las castas podridas del poder político.

El contrabando eligió a los senadores y representantes de la Costa Norte en sus mayorías por los 70 y 80 y el narcotráfico disfrazado de acciones sociales de los tales Pablos se enredó en la maraña de esos ávidos del poder terrenal para hacerse  a las riendas de presidencias, congresos, gobernaciones, alcaldías, veredas y corregimientos hasta llenar esta patria de un mar de sangre a sus costes.

No podía faltar esa cáfila de facinerosos que en nombre de la libertad y en honor a las gallinas de Tirofijo en Marquetalia convirtieron el narcotráfico en su más poderosa arma de lucha criminal para engordar sus multinacionales cuentas en los bancos de los paraísos fiscales.

Cuando la tal guerrilla se transformó  en una trasnacional del crimen los politiqueros estilo Uribe decidieron combatirla pero no por el prurito de la defensa de los intereses nacionales sino que se convirtió en un hecho de honor de la omertá que no ha querido nunca que les invadan sus terrenos. Nada más. La competencia entre mafias no es posible sino existe un sello de sangre como pacto tenebroso.

LOS BANDIDOS INSACIABLES DE  LA POLITIQUERÍA

Abrevio. Hoy los insaciables bandidos en busca del poder presidencial están mostrándole al mundo la clase de porquerías que son y la capacidad de hacer mal cueste lo que cueste.

Uribe con su maquiavélica condición de capataz de vereda grita por todas partes, inunda las redes de sus insultos y defiende con insistencia de loco decadente las porquerías de sus aliados. Un viudo enajenado por el poder.

Y una multitud de engendros de la conducta mafiosa sale detrás del mastín a seguirlo a ciegas con la convicción de que “líderes” de todas las mafias son los que deben ostentar el poder omnímodo para afinar las inmundicias.

Escuchar a toda suerte de rábulas-Granados, Lombana- planteándole a un país asqueado de que los insulten y lo crean estúpido, que ese Oscar Iván Zuluaga es víctima de un “montaje” cuando todo el mundo lo ve enconchado en un asiento en una cueva de malandros tratando de buscar informaciones para joderse en los demás contrincantes. Qué clase de individuos de este corte pueden pedir el favor popular cuando su actitud es de mafiosos consumados.

Pero quién puede con el cinismo de estos bellacos. Son el producto de una cultura mafiosa.

Persona que tenga algo de escrúpulo jamás votaría por individuos de esta naturaleza porque hacen parte de una mafia legalizada a través de unos votos espurios conseguidos en el afán de no perder las oportunidades de un poder que en sus manos es elocuentemente la desgracia de una sociedad enferma.

De nuevo la cáfila de las mafias de los Uribe, Álvaro-el patrón-Santiago incluido, y Alberto el del helicóptero de Pablo, José Obdulio, Luis Alfonso, María del Pilar, Luis Carlos, el buen muchacho de Noguera, el de las notarías, Teodolindo, Yidis, Eleonora y la otra  y los 90 malparidos parapoliticos en la cárcel de la cuerda del clan, quieren mantenerse en la cresta así se jodan en estos 47 millones de hijueputas que esperamos algún día un país mejor.

Doscientos o más años de mafiosos de todos los pelambres. Pobre país de mierda.