8 de mayo de 2021
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Una frase non sancta

11 de abril de 2014

 

La frase levantó una voz de malestar entre miles de usuarios de las redes sociales, quienes reclamaron a Santos Calderón por no actuar, contundente, contra el jefe de una guerrilla implacable que, aun en medio de las conversaciones, no ha dejado de violentar a la población civil colombiana (son ejemplos Inzá, Pradera y Quibdó) ni de atacar a las patrullas del Ejército y la Policía en regiones como Nariño, Putumayo y Cauca, entre otras.

Ayer en la tarde, más de un centenar de comentarios colgaba en nuestro foro de lectores de la nota en la que Santos hizo una reflexión que contradice su orden permanente de arreciar la ofensiva contra los guerrilleros. «Más o menos sabemos dónde está «Timochenko» (…) a estas alturas del proceso lo pensaría dos veces», para ordenar un ataque en su contra, dado que «las condiciones son distintas», dijo Juan Manuel Santos refiriéndose al estado de las conversaciones en La Habana.

Cabe la pregunta: ¿el avance del diálogo tiende a reducir la operatividad contrainsurgente?

En este y otros medios, los foristas le recordaron sus constantes declaraciones reclamando a las Fuerzas Armadas no bajar la guardia contra la subversión e incluso su discurso airado por la muerte a garrote de un suboficial y el degüello de un patrullero de la Policía, hace apenas tres semanas. El jefe de Estado no puede desconocer que la indignación está incrustada en la memoria ciudadana y decir que no combate a uno de los enemigos públicos más repudiados del Estado, la institucionalidad y la sociedad no puede más que recibirse como una postura de condescendencia chocante y exagerada.

Varios de los interlocutores en las redes le preguntaron al mandatario: «¿acaso las Farc respetarían la vida de algún alto oficial del Ejército o la Policía, o de algún alto funcionario o figura de la vida política o empresarial si descuidasen su seguridad?». También lo increparon: «¿no le parece vergonzoso que el Gobierno y sus Fuerzas Armadas sepan dónde está este delincuente de tan alta peligrosidad e incumplan su deber constitucional de capturarlo o darlo de baja?».

Mirando con otra lupa, un sector más crítico y suspicaz de la audiencia se pregunta, en el terreno de la ofensiva militar del Gobierno contra la guerrilla, y en el contexto de su campaña política reeleccionista, ¿qué mensaje entre líneas para las Farc o qué segundas intenciones tienen estas declaraciones presidenciales tan incómodas?

Anticipándonos a las reacciones acostumbradas de la guerrilla de que hay colombianos que les apuestan a la guerra y la sangre, hay que advertir que negociar en medio del conflicto es el resultado de que anteriores ceses del fuego apenas dejaron reveses militares oficiales y actos alevosos y ventajosos de las Farc. Por eso, y lo ha dicho el mismo Presidente en otras oportunidades, «Timochenko» es, mientras las Farc no dejen las armas y se reincorporen a la vida civil y legal, un objetivo militar legítimo y prioritario. Y para el grueso de la opinión pública sí que lo es.

El Colombiano/Editorial